Evangelio del día…

Del santo Evangelio según san Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): “Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?”. Le respondió Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho”.

Palabra del Señor.

 

La identidad de todo cristiano, es el amor. En esta Pascua, Cristo nos invita a la intimidad con Él. Quiere que nuestro amor por Él sea cada vez más íntimo, que no sea un simple asistir a misa los domingos y ya. Lo que Cristo quiere es que nuestro corazón aumente de amor hacia Él. En esta intimidad, Cristo se nos quiere dar y quiere que nos demos a Él, que tengamos un amor verdadero.

Estamos llamados a la intimidad con Dios, y nos podemos preguntar en primer lugar, ¿por qué estamos llamados a la intimidad? Sencillamente porque todos estamos llamados a amar y ser amados. Todos tenemos en nuestros corazones el deseo de poder amar sin límites y, a la vez, ser amados. Este deseo sólo se sacia por completo, en Dios. Es Él el amor verdadero que se entrega por completo a nosotros, incluso dando su vida, sólo por amor.

Nuestra segunda pregunta sería, ¿cómo se llega a la verdadera intimidad? Buscando amar, antes que ser amado. Esto se llama amor desinteresado, es decir, aquél que sólo busca amar sin esperar nada a cambio. Amar a Cristo cada día es negarme a mí mismo y cumplir en todo momento su voluntad. En el amor, el que ama muere por el amado. No le importa lo que le pueda pasar, sólo con el simple hecho de amar. Que cada día, en nuestro corazón, esté presente este deseo de poder amar a Dios sobre todas las cosas, incluso sobre mí mismo.

Por último, nuestra pregunta sería, ¿para qué quiere Dios esta intimidad con nosotros? Porque quiere manifestarse en nuestras vidas, “me manifestaré a él”. Él quiere revelarnos los deseos de su corazón, quiere que experimentemos su gran amor por nosotros. Lo que Dios quiere es darse completamente a nosotros, y ya lo ha hecho muriendo por nosotros en la cruz. Él se ha dado a nosotros en la cruz, sólo por amor, y éste es el amor más grande.

Que en esta Pascua podamos cada día entrar en esa intimidad a la que estamos llamados. Quien a Dios se da por completo, amándolo, Él vendrá a habitar en su corazón. Abramos las puertas de nuestros corazones y dejemos que Dios haga de nosotros lo que Él más quiera.

EVANGELIO DEL DÍA

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,7-14):

«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Palabra del Señor

“No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí.”

Del santo Evangelio según san Juan 14,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.

Palabra del Señor.

 

¡Nada te robe la paz! Nada te turbe, nada te espante, todo pasa ¡sólo Dios basta!, decía santa Teresa de Ávila.

Ésta es la invitación más constante de Cristo resucitado, y también representa para nosotros la esperanza más grande que da sentido a nuestra vida, retornar a la casa del Padre.

En nuestra familia todos hemos tenido un ser querido que ha tenido su nacimiento al cielo, y si no lo hemos tenido aún, va a suceder y nos sucederá a nosotros. Para muchos, pensar en la muerte es algo terrorífico porque es algo desconocido, así como el niño que sale del vientre de su madre y llora.

¿Cómo desconfiar de Aquél que nos dice que es el camino, la verdad y la vida si Él mismo ya venció a la muerte? Jesús, al prepararnos una morada y darnos la certeza de que Él es el camino, nos quiere invitar a vivir nuestra vida con la mirada fija en la meta que es el cielo.

¿Por qué vivir con el corazón abatido? ¿Por qué dejar que una tempestad nos robe la paz? “Todo se pasa, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, ¡Sólo Dios basta”

“Yo les aseguro:el sirviente no es más importante que su amo”

Del santo Evangelio según san Juan 13, 16-20

En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro:el sirviente no es más importante que su amo,ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.

Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.

Palabra del Señor

 

Qué pobre soy. Me enfada que se puedan burlar de mí en el colegio, en la universidad, con mis amigos; que me digan mocho, anticuado.

¡Qué ridículo soy! ¿Qué me pueden decir los demás…? Que digan lo que quieran, Tú lo dejaste bien claro, no he muerto yo, Tú moriste por mí, Tú eres quien diariamente es ofendido cada vez que yo insinúo pronunciar tu nombre, vivir tu mensaje, ¿y me siento la víctima de las ofensas?

Tú has dicho que quien te recibe a Ti, recibe a quien te ha enviado, quien me recibe a mí, recibe a quien me ha enviado… soy enviado tuyo, no puedo quedarme indiferente ante tanto mal, ante tanta tristeza, ante tanto dolor…

Más de alguna vez me he sentido solo, sin nadie que me acompañase, y en vez de abandonarme en mi tristeza y soledad, Tú mandaste alguien que me consoló, alguien que me dio la mano cuando nadie confiaba en mí, alguien que me mostró tu rostro con una sonrisa, con un gesto, con unas palabras de aliento; y luego viene un «que Dios te bendiga.» Les daré el mismo nombre que tenían en la antigüedad: Ángeles, pues no se contentan con mi bien corporal, sino que Tú les das la gracia de ser mensajeros y, sin embargo, ¿cuántas veces no los ofendo con las mismas palabras que tengo miedo de escuchar sobre mí…?

Catequesis del Papa Francisco.

Como cada miércoles, el Papa Francisco hace su Catequesis General, a los miles de espectadores reunidos en la Plaza de San Pedro.  Recordamos que ahora su catequesis esta centrada en el Sacramento del Bautismo. Compartimos con ustedes las palabras del Pontífice.

 

El bautismo es en manera particular el sacramento de la fe, porque signa el ingreso sacramental en la vida de la fe”, dijo citando el Catecismo de la Iglesia Católica, y recordó, asimismo, que “la fe es la entrega de sí mismos al Señor Jesús, reconocido como fuente de agua […] para la vida eterna”, “luz del mundo” (Jn 9,5), “vida y resurrección” (Jn 11:25)». En español se expresó así:

“Continuamos la catequesis sobre el bautismo, y lo hacemos a la luz del Evangelio, que tiene la fuerza de trasformar a quien lo acoge con fe, arrancándolo del dominio del maligno para que aprenda a servir al Señor con alegría. La Iglesia acompaña a los catecúmenos en este camino con la oración, como nos recuerdan las letanías que preceden al rito bautismal”.

“En los exorcismos de los candidatos adultos, el sacerdote suplica a Dios que los libre de todo lo que les separa de Cristo y les impide unirse a Él. Del mismo modo, se pide la liberación del pecado original de los niños que van a ser bautizados, para que puedan ser consagrados como templos del Espíritu Santo”.

Un don del Espíritu Santo, no una fórmula mágica.

Hablando en nuestro idioma, el Papa explicó textualmente que “el bautismo es un don del Espíritu Santo que nos da la fuerza para combatir el mal”.

“Esto se simboliza en el gesto de la unción- añadió -, que evoca a los atletas que ungían su cuerpo para tonificar los músculos y para evitar ser presa fácil de los adversarios. El óleo bendecido por el obispo, nos asegura la fuerza del Resucitado y la cercanía de la Iglesia en este combate, de modo que podamos decir con san Pablo: «Todo lo puedo en aquel que me conforta».

En catequesis que impartió en italiano el Papa profundizó en este punto, explicando que el bautismo “no es una fórmula mágica”, sino que es el don del Espíritu Santo “que habilita a quien lo recibe a luchar contra el espíritu del mal”. “Sabemos por experiencia que la vida cristiana está siempre sujeta a la tentación de separarse de Dios, de su voluntad, de la comunión con Él, para recaer en los lazos de las seducciones mundanas”, agregó, recordando que “Dios mandó a su Hijo al mundo para destruir el poder de satanás” (…)

 

Perseverar en la lucha contra el mal firmes en la fe

En los saludos que dirigió a los peregrinos de lengua española, el Papa les animó a “perseverar en este combate, manteniéndose firmes en la fe en Jesucristo, vencedor del pecado y de la muerte, y constantes en la oración al Padre, pidiendo por todos los que se encuentran en peligro y sufren tribulación”. Mientras que a los jóvenes, ancianos, enfermos y recién casados, pidió que por intercesión del Evangelista Marcos, cuya fiesta celebra hoy, sean sostenidos en el camino de fe, “para que sobre su ejemplo, puedan volverse oyentes y anunciadores del Evangelio de Cristo, dando testimonio con su vida”.

Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Marcos (16,15-20):

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor

Celebramos hoy la fiesta de san Marcos, evangelista. Como ocurre también con Lucas, Mateo y Juan, apenas tenemos noticias irrefutables sobre quién fue san Marcos. Pero sabemos lo fundamental: su identidad de evangelista. Que la identidad de una persona de tal relevancia se limite a un solo dato, puede parecer poco para la sensibilidad historicista y sobre-informada de nuestros días; sin embargo, para la comunidad eclesial, es más que suficiente. Marcos fue aquel que hizo caso al Señor resucitado, yendo al mundo entero y proclamando el Evangelio a toda la creación. Nosotros, como tantos, somos hijos de su prédica y continuadores del mandato de Jesús.

Las lecturas de este día advierten cuáles son los signos internos y externos de quien se ha encontrado con Cristo y vive por y para Él. Tanto la Carta de san Pedro como el Evangelio de Marcos recogen recomendaciones y signos que verifican que tales instrucciones se han recibido y se van interiorizando; Marcos reproduce el envío misionero de Jesús y sus signos; Pedro, por su parte, explicita la gracia de la vida en Cristo y sus signos. En realidad, no se trata de momentos distintos, sino del despliegue de la fe en sus dos caras: la más personal-interna («tened sentimientos de humildad», «inclinaos bajo la mano de Dios», «descargad en Dios vuestro agobio», «sed sobrios», «estad  alerta») y la más misionera-externa («id y proclamad», «echaréis demonios en mi nombre», «hablaréis lenguas nuevas», «impondréis las manos a los enfermos»). El evangelista Marcos obedeció las indicaciones del Señor testimoniando a Cristo con su propia palabra, que es para la Iglesia Palabra de Dios. ¿Cómo lo haremos cada uno de nosotros? ¿Qué signos acompañarán nuestra experiencia espiritual y nuestro compartir evangelizador?

Sea cual fuere nuestro camino –la forma en que respondamos al mandato del Señor-, una cosa es segura: Él sostiene a quien elige, inspira a quien envía. Lo dice muy claramente la Carta de Pedro: «Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá». Y también el Evangelio marcano: «El Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban». Así pues, dichosos nosotros, que reconocemos lo que el Señor obra en nosotros, que prestamos nuestra voz a su Palabra.

Feliz fiesta.

Papa: jamás prisioneros de las palabras o cerrados al Espíritu.

Durante está mañana en la Capilla, de la Casa Santa Marta, el Santo Padre Francisco trata sobre la resistencia del ser humano a la acción del Espíritu Santo.

 

En la historia del hombre “siempre habrá resistencias al Espíritu Santo”, oposiciones a las novedades y a los “cambios”. Inspirándose en la liturgia del día, el Papa se detuvo a considerar las diversas actitudes que el hombre adopta ante las novedades del Señor que, como dijo, “siempre sale a nuestro encuentro con algo nuevo” y “original”.

Los prisioneros de las ideas

En el Evangelio de Juan se observa la cerrazón de los Doctores de la Ley, que consiste en una actitud que se transforma en “rigidez”. Se trata de hombres sólo capaces de ponerse en el centro, ellos mismo, inertes a la obra del Espíritu Santo e insensibles a las novedades. Además, el Pontífice subrayó especialmente la completa incapacidad que tenían para “discernir los signos de los tiempos”, es decir, el hecho de ser esclavos de las palabras y de las ideas. Vuelven sobre la misma pregunta, son incapaces de salir de aquel mundo cerrado, son prisioneros de las ideas.

“Han recibido la ley que era vida pero la han ‘destilado’, la han transformado en ideología y así giran, giran,  son incapaces de salir, y cualquier novedad para ellos es una amenaza”.

La libertad de los hijos de Dios

Muy diferente, en cambio, debería ser el espesor de los hijos de Dios, que aun teniendo tal vez una inicial reticencia, son libres y capaces de poner en el centro al Espíritu Santo. El ejemplo de los primeros discípulos – relatado en la Primera Lectura – evidencia su docilidad a lo nuevo y la actitud a sembrar la Palabra de Dios incluso fuera del acostumbrado esquema del “siempre se ha hecho así”. Ellos – reafirmó el Papa Bergoglio – “han permanecido dóciles al Espíritu Santo para hacer algo que era más que una revolución”, “un cambio fuerte”, y en el centro “estaba el Espíritu Santo: no la ley, el  Espíritu Santo”.

“Y la Iglesia era una Iglesia en movimiento, una Iglesia que iba más allá de sí misma. No era un grupo cerrado de elegidos, una Iglesia misionera: es más, el equilibrio de la Iglesia, por decirlo de alguna manera, está precisamente en la movilidad, en la fidelidad al Espíritu Santo. Alguien decía que el equilibrio de la Iglesia se asemeja al equilibrio de la bicicleta: está detenida, y va bien cuando está en movimiento; si tú la dejas quieta, se cae. Un buen ejemplo”.

Oración y discernimiento para encontrar el camino

Cerrazón y apertura: dos polos contrapuestos que ilustran el modo de reaccionar del hombre ante el soplo del Espíritu Santo. En cuanto al segundo, el Papa Francisco concluyó diciendo que es típico precisamente “de los discípulos, de los apóstoles”, aun con alguna resistencia inicial, que es también “una garantía del hecho de que no se dejan engañar”, y después, “con la oración y el discernimiento encuentran el camino”.

“Siempre habrá resistencias al Espíritu Santo, siempre, siempre hasta el fin del mundo. Que el Señor nos dé la gracia de saber resistir a lo que debemos resistir, a lo que viene del maligno, aquello que nos quita la libertad y sepamos abrirnos a las novedades, pero sólo a las que vienen de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, y que nos dé la gracia de discernir los signos del tiempo para tomar las decisiones que deberemos tomar en aquel momento”.

Evangelio del día…

Lectura del evangelio según san Juan (10,22-30):

SE celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor

 

El Evangelio permanece escrito con tinta indeleble en lo hondo de nuestras entrañas humanas, pero anunciar a Jesús y creer en Él casi nunca responde a un movimiento espontáneo, natural: somos torpes para hablar bien de Dios, aun llevando su imagen dentro de nosotros; y pobres para creer en Dios, aun habiéndolo conocido encarnado en la historia.

Las lecturas del libro de Hechos que escuchamos estos días están redactadas con delicadeza y finura, pero no ocultan la difícil evangelización de los primeros discípulos de Jesús. El escritor sagrado jamás pierde la compostura, pero tampoco oculta la verdad. Las idas y venidas de Esteban, Pablo, Bernabé y tantos otros responden, por un lado, a la alegría irrefrenable de quien se ha encontrado con Cristo y desea comunicarlo; por otro lado, son un vivo testimonio de la cruda problemática que acarrea siempre la transmisión de la fe: el Señor nos ha llamado a evangelizar, eso no se duda, pero… ¿quién, cómo, cuándo y a quién? ¿Cómo tener certeza de que la mano del Señor –su Espíritu- está con nosotros al darlo a conocer?

Las fricciones externas a que da lugar el anuncio del evangelio tienen una cierta correspondencia con las resistencias internas del discípulo. Los judíos que se encontraban en Jerusalén por la fiesta de la Dedicación  han visto a Jesús y también las obras que Él estaba haciendo en nombre del Padre. Sin embargo, no terminan de dar el salto de la fe, porque no se trata de fiarse de un hombre bueno, sino de creer que ese hombre es Dios mismo con nosotros. ¿Cómo saber con certeza que Él es quien dice ser? ¿Por qué entregar el corazón a quien no manifiesta su gloria de manera inequívoca?

Cuando pensamos que lo tenemos todo a favor para encontrar al Señor y para comunicarlo con acierto, el desconcierto de la evangelización y la inquietud de la fe pueden hacernos zozobrar… no ser que elijamos la senda de la humildad y la paciencia evangélicas. Humildes para hablar de Quien siempre nos excede; pacientes para convertirnos en ovejas que han aprendido a reconocer Su voz. Entonces, sí. Entonces, poco a poco, iremos convirtiéndonos en testigos y mensajeros del gozo del Evangelio.

Obispos de Uruguay: presentan Documento sobre la fragmentación social.

“Construyamos puentes de fraternidad en una sociedad fragmentada”, es el título del Documento de los Obispos del Uruguay sobre la cuestión de la fragmentación social, que fue presentado al final de su Asamblea Plenaria.

Se trata de un Documento centrado en este fenómeno social y está dirigido en primer lugar a los católicos pero también a todos los uruguayos de buena voluntad, como un aporte de la Iglesia, en el marco de una sociedad plural, al imprescindible diálogo sobre el tema. Este Documento se estructura en tres grandes secciones: la mirada sobre la realidad, el discernimiento a la luz de la fe y las propuestas de algunos caminos por recorrer.

La mirada sobre la realidad

En la primera sección, los Obispos plantean un acercamiento a la problemática de la fragmentación en nuestra sociedad desde una mirada pastoral: con una mirada creyente,  tomando elementos que surgen de las distintas ciencias sociales, y desde la perspectiva que ofrece el contacto directo con la gente. Con esta mirada, los Pastores  se van planteando distintos aspectos de la realidad: el trabajo, la familia, el desbalance generacional, la relación entre el campo y la ciudad, la cuestión del territorio, de la educación y de la convivencia ciudadana.

El discernimiento a la luz de la fe

Antes esta realidad, los Obispos del Uruguay quieren discernir a la luz de la fe, buscando en la palabra de Dios y en la enseñanza social de la Iglesia algunos elementos que iluminen este proceso. En este sentido, los Pastores invitan a reflexionar sobre la presencia amorosa de Dios en medio de su pueblo, de un Dios que cuida a los pobres; como también en los gestos y actitudes de Jesús durante su ministerio terrenal, en el cual rompió más de un muro, Jesús, afirman los Obispos, vino a romper muros; pero también a reflexionar sobre la igualdad de toda persona humana, que es un legado del cristianismo y que hoy en día es una característica fundamental de la democracia.

Los caminos por recorrer

Finalmente, los Obispos de Uruguay proponen en el documento “tender puentes y construir fraternidad”. Como Pastores, se lee en el texto, nos interpela el deterioro progresivo de la convivencia ciudadana que no logran revertir, pero al mismo tiempo apuestan por las potencialidades de la sociedad y en el bien que se encuentra en cada corazón de los hombres de buena voluntad. Creemos, afirman los Obispos, que el Espíritu de Jesús resucitado nos guiará en este camino de conversión, transformando nuestro interior y suscitando gestos de perdón que alimentan nuestra esperanza.

 

Fuente: Vatican News

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,1-10):

EN aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor

 

Del lado del hombre, siempre han existido los caminos, pero en nuestros días se han multiplicado hasta el infinito. Dice el refrán castellano que todos llevan a Roma; la realidad revela, sin embargo, que muchas sendas acaban cansando y frustrando al caminante, alejándolo de la meta a la que se supone que lo conducían. Por esta razón, el hombre que busca Dios -y también el que cree no necesitarlo-, aun cuando ensaye múltiples caminos para adherirse a la verdad, alberga la íntima convicción de que solo uno le abrirá las puertas de la vida verdadera. Más allá de lo aparentemente anecdótico de la escena, los reproches lanzados contra Pedro en Hch 11 y la discusión a que dan lugar constituyen un reflejo de esta tensión humana: que todas las vías están ahí, frente a nosotros, prometiéndonos la meta deseada, pero no todas –quizá solo una- nos permitirá llegar «hasta tu monte santo, hasta tu morada» (Sal 41). Una tensión que amenazó con dividir a las comunidades cristianas de los orígenes según la procedencia de su fe –judíos, gentiles-, partiendo la Iglesia primitiva en dos. Una tensión que, de hecho, pone en crisis al mundo y que, en muchos momentos de la existencia, puede quebrarnos por dentro.

Del lado de Dios, que busca al hombre, el trazado es uno solo: Él ofrece a su Hijo como Camino, Verdad y Vida. En Él convergen las muchas sendas posibles que elevan al ser humano, pero, al mismo tiempo, Él es el único Camino firme y fiable: quien no pasa por Él -como se pasa por la puerta del aprisco-, aún no conoce la Verdad plena, la Vida en abundancia. Al lado del Buen Pastor, todos los demás maestros –incluso los que tienen mejor voluntad- acaban mostrando su fragilidad, cuando no su torcido interés. De un modo misterioso, Cristo es «origen, camino y término del universo» (Rm 11,36). Si por Él entramos a la fe, ¿por qué tratar de salir sin Él hacia la Vida?