Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Palabra del Señor.

 

 

Jesús universaliza la dicha. Sólo un vientre lo pudo llevar; sólo dos pechos lo criaron; sólo una mujer lo dio a luz, como paso o puente entre el embarazo y la crianza. Es, en cierto modo, la singularización máxima de la dicha (perdónese la palabra “singularización”). Pero a Jesús le interesa convertir el punto en una línea, y la línea en un plano, y el plano en un volumen. Quiere alargar, dilatar, ahondar. Quiere que la felicidad no sea un monopolio, ni un oligopolio. La quiere democratizar: todos han de poder tener acceso a ella. Todos, sin diferencia ni distinción: varones y mujeres, pequeños y grandes, judíos y griegos, circuncidados e incurcuncisos, esclavos y libres.

¿Cómo? Pues haciendo todos algo semejante a lo que hizo María: concebir y dar la luz. Concebir la Palabra a través de la escucha, es decir, a través de la acogida por la que la alojamos y la dejamos madurar y crecer en nosotros. No realicemos un aborto provocado de la Palabra, expulsándola del seno de la conciencia. Puede producir malestar y causar trabajos, perturbar la placidez en que vivíamos, hacernos sufrir. Vienen a ser algo parecido a las molestias y mareos que experimenta la embarazada.

Dar a luz la palabra: cumplirla. Si no la cumplimos, nos parecemos a lo que decía el profeta: concebimos, sentimos dolores, nos retorcimos, dimos a luz: nada, viento. Nos nace un feto ya muerto. Es preciso, por tanto, guardar la palabra y cumplir la palabra. La mejor forma de guardarla es darle cumplimiento. Ese es el don, ese es el reto; esa, la gracia, esa, la tarea. Prestemos oído para la escucha y pongamos manos a la obra. Es lo que se nos ha dicho también en la parábola del buen samaritano, que concluye con estas palabras: “Ve y haz tú lo mismo”.

Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,27-28):

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Palabra del Señor.

 

 

En esta fiesta de Nuestra Señora del Pilar en la que homenajeamos a la Madre de Jesús la liturgia nos regala este texto evangélico en el que Jesús homenajea a su madre dando relieve al vínculo de la fe frente al vínculo de la carne y la sangre. Y es que ésta idea racial había sido para Israel una permanente raíz de malentendidos. Se vinculaba tanto la salvación con el hecho de pertenecer al pueblo elegido, que se caía en un nacionalismo religioso excluyente. Jesús anuncia un Dios para todos, sin exclusiones, al que se llega desde la fe, no reivindicando el “pedigree” religioso. El evangelio de Juan -en especial el episodio de la samaritana-, es prototípico al respecto.

Nosotros también podemos caer en ese riesgo. “Al cielo iremos los de siempre”, decía una chiste del humorista Mingote, ironizando sobre esa actitud del creyente tradicional que se fía más de la herencia recibida y las costumbres adquiridas que de la auténtica respuesta personal.

Dios no es una ‘póliza de seguros’ que se pueda conseguir a cambio de cumplir ciertos ritos o mantener ciertas conductas. Quien se acerca a Dios así corre el riesgo de manipular hasta lo más sagrado en beneficio propio. Y puede ser que tenga todos los papeles en regla, pero lo más probable es que Dios le diga: “No te conozco”. Pues lo que son medios para el encuentro con Dios los ha convertido en arneses y correas para sentirse seguro. Y lo que son vías para recibir la justicia salvadora los han transformado en sistemas para sentirse justo, para autojustificarse.

Este fue el conflicto religioso de fondo con los fariseos: El pasaje del fariseo y el publicano cuando oran en el templo nos indica por donde van las preferencias de Dios.

Por tanto, universalismo sin excluisones, apertura, humildad de corazón, sentirse herederos de un don gratuito. Para que Jesús no tenga que volvernos a decir: “los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los cielos…”

Sínodo: Una Iglesia que apuesta por los jóvenes y sueña a lo grande.

La mañana del 11 de octubre se celebró la novena Congregación General del Sínodo de los Obispos en Roma, dedicado al tema de los “Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, en la que estuvieron presentes 256 Padres sinodales.

“Desalentar y repudiar, con un magisterio claro e inequívoco, a los promotores de la inmigración ilegal y de la trata de seres humanos”; fue una de las tareas de la Iglesia, reiterada esta mañana en el Aula del Sínodo.

El mundo no debe olvidar a los pobres

Ante centenares de jóvenes que ven cómo se ahogan sus sueños, sus potencialidades y sus talentos en el Mediterráneo, los Padres sinodales insisten en la necesidad de que la Iglesia inste a los países más industrializados a invertir en los más pobres, “especialmente en términos de tecnología y de formación”, para que todos puedan contribuir al desarrollo de su país de origen, sin verse obligados a emigrar. En este contexto, el Sínodo reflexiona sobre el sacramento de la reconciliación, reafirmando que el perdón debe ser liberado de toda carga y redescubierto en su dimensión de don.

Comprender la vocación de vida

Para ello, es esencial el examen de conciencia, fundamental para evangelizar y educar a los jóvenes en la clara idea de lo que es el pecado y lo superfluo, a la vez que se les ayuda a reconocer los signos de la presencia de Dios en sus vidas. Los jóvenes -afirma el Aula sinodal- no están llamados a permanecer jóvenes para siempre, sino a convertirse en adultos, a presentarse para contribuir a la construcción de la Iglesia. “Porque, después de todo, no importa si eres un sacerdote, un profesional, un padre o una persona soltera: responder a la llamada de Dios es seguir la vocación de ser santo en cada opción de vida”. La pastoral vocacional debe, por tanto, ser repensada y reforzada en todos los ámbitos, gracias a los testimonios de vida, para que cada joven pueda comprender su vocación en este mundo.

Educar para la libertad

De ahí también la llamada de los Padres a cultivar la libertad interior basada en sólidos valores morales, que impide que los jóvenes sean manipulados por los demás, y que se dejen llevar por las masas. “Siguiendo a Jesús y sus mandamientos, con una conciencia recta, uno es más libre”. Pero educar a los juventud “para y hacia la libertad” presupone la búsqueda de la verdad, ya que los chicos y chicas buscan autenticidad en sus educadores, “quieren pastores más coherentes con lo que predican, pastores que sepan vivir la Palabra y se comprometan con los pobres, gracias a la verdadera conversión interior y a la fe apasionada”.

Desafío de la Iglesia: apostar por los jóvenes

El acompañamiento propio de la Iglesia consistirá, pues, en escuchar con corazón abierto e interés concreto, en dar valor y esperanza, en cuidar de la persona en todas las fases de su desarrollo. De hecho, frente al odio, la violencia, la corrupción, la injusticia, las guerras tan extendidas en la actualidad, los jóvenes experimentan una fragmentación existencial que socava su autoestima y su confianza. Por eso, la comunidad cristiana debe acompañar y acoger constantemente a los jóvenes, estimulando su libertad y su responsabilidad para asumir compromisos duraderos. Este es el desafío de la Iglesia: hacer una opción preferencial y eficaz por los jóvenes, salir al encuentro de ellos y ofrecerles ideales de una fe vivida concretamente, junto con una autoridad fiable que los haga verdaderamente maduros.

 

Buscar con paciencia a la “juventud perdida”

Además, como el Padre misericordioso de la parábola del Hijo pródigo, la Iglesia espera con paciencia y esperanza también a los jóvenes perdidos o perdidas; no los hace sentir abandonados en las dificultades, “sino que los tranquiliza caminando con ellos, los ayuda a realizarse a sí mismos liberando su libertad, sin imponerles opciones determinadas, sin manipulaciones ni clericalismos”.

 

“Competir” con los jóvenes por los grandes sueños

La Congregación además afirma que necesitamos una comunidad cristiana unida y alegre que sepa redescubrir su sentido misionero y que nos permita enamorarnos del Evangelio: un ambiente de clausura y de prejuicio, en efecto, no ayuda a los jóvenes a sentirse acogidos, a vivir la fraternidad en un contexto de calidez y de estima mutua. Por tanto, las comunidades deben ser concretas, sencillas, humildes y transparentes; la Iglesia debe “competir” con los jóvenes en tener grandes sueños, “porque si los pastores sueñan, también los jóvenes podrán hacerlo”.

 

La secularización y sus aspectos positivos

Finalmente, se destacó el análisis sobre la confrontación de la Iglesia con la realidad actual, en particular con la secularización: los Padres sinodales invitan a tener el valor de considerarla como un signo de los tiempos que nos ayuda a liberarnos de ser cristianos automáticamente o por hábito, y nos lleva a ser cristianos por elección, “porque queremos ser cristianos”. No sólo eso: la sociedad secular, asimismo, evita que la religión se base en la identidad tribal o nacional, llevando a recuperar la importancia del anuncio de la fe.

 

 

Santoral: Juan XXIII “El papa bueno”.

Nació en el seno de una numerosa familia campesina, de profunda raigambre cristiana. Pronto ingresó en el Seminario, donde profesó la Regla de la Orden franciscana seglar. Ordenado sacerdote, trabajó en su diócesis hasta que, en 1921, se puso al servicio de la Santa Sede. En 1958 fue elegido Papa, y sus cualidades humanas y cristianas le valieron el nombre de “papa bueno”. Juan Pablo II lo beatificó el año 2000 y estableció que su fiesta litúrgica se celebre el 11 de octubre. 

Nació el día 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, diócesis y provincia de Bérgamo (Italia). Ese mismo día fue bautizado, con el nombre de Ángelo Giuseppe. Fue el cuarto de trece hermanos. Su familia vivía del trabajo del campo. La vida de la familia Roncalli era de tipo patriarcal. A su tío Zaverio, padrino de bautismo, atribuirá él mismo su primera y fundamental formación religiosa. El clima religioso de la familia y la fervorosa vida parroquial, fueron la primera y fundamental escuela de vida cristiana, que marcó la fisonomía espiritual de Ángelo Roncalli.

Recibió la confirmación y la primera comunión en 1889 y, en 1892, ingresó en el seminario de Bérgamo, donde estudió hasta el segundo año de teología. Allí empezó a redactar sus apuntes espirituales, que escribiría hasta el fin de sus días y que han sido recogidos en el «Diario del alma». El 1 de marzo de 1896 el director espiritual del seminario de Bérgamo lo admitió en la Orden franciscana seglar, cuya Regla profesó el 23 de mayo de 1897.

De 1901 a 1905 fue alumno del Pontificio seminario romano, gracias a una beca de la diócesis de Bérgamo. En este tiempo hizo, además, un año de servicio militar. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904, en Roma. En 1905 fue nombrado secretario del nuevo obispo de Bérgamo, Mons. Giácomo María Radini Tedeschi. Desempeñó este cargo hasta 1914, acompañando al obispo en las visitas pastorales y colaborando en múltiples iniciativas apostólicas: sínodo, redacción del boletín diocesano, peregrinaciones, obras sociales. A la vez era profesor de historia, patrología y apologética en el seminario, asistente de la Acción católica femenina, colaborador en el diario católico de Bérgamo y predicador muy solicitado por su elocuencia elegante, profunda y eficaz.

En aquellos años, además, ahondó en el estudio de tres grandes pastores: san Carlos Borromeo (de quien publicó las Actas de la visita apostólica realizada a la diócesis de Bérgamo en 1575), san Francisco de Sales y el entonces beato Gregorio Barbarigo. Tras la muerte de Mons. Radini Tedeschi, en 1914, don Ángelo prosiguió su ministerio sacerdotal dedicado a la docencia en el seminario y al apostolado, sobre todo entre los miembros de las asociaciones católicas.

En 1915, cuando Italia entró en guerra, fue llamado como sargento sanitario y nombrado capellán militar de los soldados heridos que regresaban del frente. Al final de la guerra abrió la «Casa del estudiante» y trabajó en la pastoral de estudiantes. En 1919 fue nombrado director espiritual del seminario.

En 1921 empezó la segunda parte de la vida de don Ángelo Roncalli, dedicada al servicio de la Santa Sede. Llamado a Roma por Benedicto XV como presidente para Italia del Consejo central de las Obras pontificias para la Propagación de la fe, recorrió muchas diócesis de Italia organizando círculos de misiones. En 1925 Pío XI lo nombró visitador apostólico para Bulgaria y lo elevó al episcopado asignándole la sede titular de Areópoli. Su lema episcopal, programa que lo acompañó durante toda la vida, era: «Obediencia y paz».

Tras su consagración episcopal, que tuvo lugar el 19 de marzo de 1925 en Roma, inició su ministerio en Bulgaria, donde permaneció hasta 1935. Visitó las comunidades católicas y cultivó relaciones respetuosas con las demás comunidades cristianas. Actuó con gran solicitud y caridad, aliviando los sufrimientos causados por el terremoto de 1928. Sobrellevó en silencio las incomprensiones y dificultades de un ministerio marcado por la táctica pastoral de pequeños pasos. Afianzó su confianza en Jesús crucificado y su entrega a él.

En 1935 fue nombrado delegado apostólico en Turquía y Grecia. Era un vasto campo de trabajo. La Iglesia católica tenía una presencia activa en muchos ámbitos de la joven república, que se estaba renovando y organizando. Mons. Roncalli trabajó con intensidad al servicio de los católicos y destacó por su diálogo y talante respetuoso con los ortodoxos y con los musulmanes. Cuando estalló la segunda guerra mundial se hallaba en Grecia, que quedó devastada por los combates. Procuró dar noticias sobre los prisioneros de guerra y salvó a muchos judíos con el «visado de tránsito» de la delegación apostólica. En diciembre de 1944 Pío XII lo nombró nuncio apostólico en París.

Durante los últimos meses del conflicto mundial, y una vez restablecida la paz, ayudó a los prisioneros de guerra y trabajó en la normalización de la vida eclesiástica en Francia. Visitó los grandes santuarios franceses y participó en las fiestas populares y en las manifestaciones religiosas más significativas. Fue un observador atento, prudente y lleno de confianza en las nuevas iniciativas pastorales del episcopado y del clero de Francia. Se distinguió siempre por su búsqueda de la sencillez evangélica, incluso en los asuntos diplomáticos más intrincados. Procuró actuar como sacerdote en todas las situaciones. Animado por una piedad sincera, dedicaba todos los días largo tiempo a la oración y la meditación.

En 1953 fue creado cardenal y enviado a Venecia como patriarca. Fue un pastor sabio y resuelto, a ejemplo de los santos a quienes siempre había venerado, como san Lorenzo Giustiniani, primer patriarca de Venecia.

Tras la muerte de Pío XII, fue elegido Papa el 28 de octubre de 1958, y tomó el nombre de Juan XXIII. Su pontificado, que duró menos de cinco años, lo presentó al mundo como una auténtica imagen del buen Pastor. Manso y atento, emprendedor y valiente, sencillo y cordial, practicó cristianamente las obras de misericordia corporales y espirituales, visitando a los encarcelados y a los enfermos, recibiendo a hombres de todas las naciones y creencias, y cultivando un exquisito sentimiento de paternidad hacia todos. Su magisterio, sobre todo sus encíclicas «Pacem in terris» y «Mater et magistra», fue muy apreciado.

Convocó el Sínodo romano, instituyó una Comisión para la revisión del Código de derecho canónico y convocó el Concilio ecuménico Vaticano II. Visitó muchas parroquias de su diócesis de Roma, sobre todo las de los barrios nuevos. La gente vio en él un reflejo de la bondad de Dios y lo llamó «el Papa de la bondad». Lo sostenía un profundo espíritu de oración. Su persona, iniciadora de una gran renovación en la Iglesia, irradiaba la paz propia de quien confía siempre en el Señor. Falleció la tarde del 3 de junio de 1963.

Juan Pablo II lo beatificó el 3 de septiembre del año 2000, y estableció que su fiesta litúrgica se celebre el 11 de octubre [1], recordando así que Juan XXIII inauguró solemnemente el Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962.

El milagro para su beatificación

El hecho atribuido a la intercesión del Papa Bueno hace referencia a la inexplicable curación de una religiosa, Sor Caterina Capitani, enferma de una dolencia estomacal. Era el año 1966 (apenas tres años después de la muerte de Juan XXIII), cuando la entonces joven Caterina Capitani examinada por los médicos de Nápoles recibió el terrible diagnóstico: “Perforación gástrica hemorrágica con fistulación externa y peritonitis aguda”. Un caso a todas luces desesperado en el que el desenlace fatal había sido ya aceptado por la familia. Sin embargo, el 22 de mayo de 1966, las hermanas de la enferma, sabedoras de que Caterina era una ferviente admiradora de Juan XXIII, oraron pidiendo su intercesión mientras le colocaban una imagen del Papa sobre el estómago de Sor Caterina. Pocos minutos después, la monja, a la que ya habían administrado el sacramento de la unción de los enfermos, comenzó a sentirse bien y pidió comer.

Sor Caterina Capitani, quien falleció en marzo del 2010 (a la edad de 68 años), relató haber visto a Juan XXIII sentado al pie de su cama de enferma, diciéndole que su plegaria había sido escuchada. Días más tarde, una radiografía documentó la desaparición completa del mal que padecía. La ciencia, fue incapaz de dar una explicación a la curación, además en el estómago no le quedaron señales de las cicatrices causadas por la fístula. Una comisión de médicos calificó de “inexplicable científicamente” la curación de la religiosa.

La canonización

El papa Juan XXIII tenía en su haber más de veinte curaciones inexplicables atribuidas a su intercesión, incluidas dos de las que su postulador estába convencido de que soportarían el riguroso examen del equipo de asesores médicos de la congregación.

Entre los casos más interesantes, está la historia de una mujer de Nápoles que en 2002 ingirió sin querer una bolsa de cianuro. Invocando al beato se salvó del envenenamiento sin dañar los riñones, o el bazo, y curando al mismo tiempo la cirrosis hepática.

Pero un segundo milagro comprobado no fue necesario.  El 5 de julio de 2013 el Papa Francisco firmó el decreto en el cual se aprueba la votación a favor de la canonización del Beato Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli) realizada el día 2 del mismo mes y año en la sesión ordinaria de los Cardenales y Obispos de la Congregación para la Causa de los Santos.

Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,5-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Palabra del Señor.

 

Hay tres verbos que sólo practican los sencillos: pedir, buscar, llamar. Si a estos verbos se les añade el adverbio “insistentemente” tenemos esbozado el programa de un verdadero seguidor de Jesús.

Pedir supone reconocer que no tenemos todo lo que necesitamos, tomar conciencia de nuestros límites, admitir que Alguien tiene más que nosotros. Piden los pobres y los mendigos. No piden los autosuficientes.

Buscar implica experimentar la atracción de algo que tira de nosotros, admitir que hay un tesoro por el que merece la pena arriesgarse, sentir el aguijoneo de muchas preguntas para las cuales no existen respuestas prefabricadas. No buscan los que han sucumbido a la rutina, los perezosos y los desesperanzados.

Llamar es dirigirse a alguien con la confianza de que vamos a ser escuchados, invocar una presencia que nos supera y que al mismo tiempo se hace cargo de nosotros. No llaman los que temen que no haya nadie al otro lado de la puerta, los que no está preparados para entrar en el caso de que se abra.

Insistentemente significa todos los días, a todas horas, no sólo en ciertos momentos críticos, o cuando no encontramos otra cosa mejor.

Estas lecciones esenciales se pueden explicar así, con un lenguaje un poco árido, o se pueden explicar diciendo: “Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene durante la medianoche …”. Evidentemente, Jesús elige el modo más eficaz. Y por eso nos remueve por dentro.

Cuando uno pide, recibe; cuando busca, encuentra; cuando llama, se le abre. ¿Qué recibimos y encontramos? La síntesis de todo lo que podemos recibir y encontrar es el Espíritu Santo; es decir, todo lo que necesitamos para decir “Abbá” y para reconocer con nuestros labios y nuestro corazón que “Jesús es Señor”.

Sínodo jóvenes: acompañar con empatía, curar heridas, mostrar metas altas.

“Señor, ¿qué quieres que haga?” La pregunta del joven Francisco de Asís, de veintitrés años, llamado en el siglo XIII a “reconstruir” la casa de Dios, es la misma que resuena hoy en los corazones de todos los jóvenes. En efecto, responder a la voz del Señor lleva a encontrar el verdadero sentido de la vida, refuerza el vigor físico, la fuerza de ánimo y el valor,  típicos de la condición de la juventud.

Un nuevo Pentecostés

La figura del Pobrecito de Asís y la de otros santos y santas fueron  señaladas esta mañana por los Padres sinodales como “modelos actuales”. Hombres y mujeres que no han abrazado una idea, sino que han encontrado a un hombre: Jesús. Figuras que impulsan a la Iglesia a romper con los viejos esquemas para inaugurar la era de un “nuevo Pentecostés”. Conocer a Cristo resucitado y su “ir contracorriente” es un estímulo al testimonio que los jóvenes están llamados a traer al mundo. Así lo demuestran los muchos que se han convertido en “embajadores de la vida” en aquellos países en los que la vida se ve amenazada por leyes que se oponen a ella. O también -dicen los obispos- quien en contextos de guerra y tensión sigue llevando a cabo “la misión de ser sal, luz y levadura” para la sociedad.

El acompañamiento es empático y no improvisado

El arte del acompañamiento espiritual y del discernimiento es, pues, indispensable, pero no debe ser prerrogativa exclusiva de sacerdotes y consagrados: el Aula del Sínodo invoca la participación de parejas jóvenes, pero advierte: “no a la improvisación”. Si un joven no es bienvenido, corre el riesgo de alejarse y de buscar respuestas equivocadas, a menudo decepcionado por los escándalos y la indiferencia. Quien acompaña tiene, por lo tanto, el deber ministerial de ser testigo creíble, de tener una fe sólida y está llamado a escuchar, aconsejar y luego apartarse con confianza, exultando por cada meta alcanzada. La actitud es de empatía y no de simple simpatía: de hecho, los formadores deben reconocer primero la humanidad y la falibilidad de los jóvenes, porque es allí donde Cristo quiere encontrarse con ellos para liberarlos del error. Estará bien para los líderes espirituales recordar sus propias experiencias de caída: la gracia, de hecho, actúa en la historia de una manera ordinaria y se transforma progresivamente.

Matrimonio y consagración, dos vocaciones para valorar en igual medida

La dimensión espiritual es una prioridad. El Sínodo pide que se fomente la participación en la Misa y en la Adoración Eucarística. No sólo son suficientes los “esfuerzos horizontales”, sino que también son necesarios los esfuerzos “verticales” para ayudar al joven a mirar hacia lo alto, porque Dios está con él. Ser acogedores, mostrar metas altas y la propuesta exigente del Evangelio son dos características del “acompañar” tanto el matrimonio como el celibato, por el Reino de Dios. Las dos vocaciones -subrayan los obispos- deben ser valoradas de la misma manera por la Iglesia, porque ambas forman parte de la mayor “vocación bautismal” propia de todo cristiano. Si los grandes no tienen grandes sueños, fue la reflexión de los Padres sinodales, ¿cómo van a poder inspirar a los jóvenes? Del Sínodo nace la propuesta de un secretariado de jóvenes en cada circunscripción eclesiástica  con el fin de dinamizar la acción pastoral. Los jóvenes -fue la reflexión- son el presente y el futuro de la Iglesia. 

Intervenciones de los auditores

El cierre matutino de la congregación fue la intervención de algunos auditores que subrayaron la inadecuación de una propuesta eclesial centrada en el teísmo ético frente a la profunda sed de espíritu de los jóvenes. Ellos quieren a Jesús y la Iglesia tiene el deber de mostrarlo y  de no considerar”tiempo perdido” aquel dedicado al cuidado pastoral de las nuevas generaciones. En medio de tantas voces -fue la reflexión- los jóvenes necesitan discernir qué voz viene del Señor, y no quieren que los adultos tomen decisiones en su lugar, sino que les ayuden a no retrasar las elecciones importantes de la vida. Fue conmovedor el testimonio de quienes destacaron la necesidad de no subestimar los peligros que los jóvenes enfrentan en el mundo real y virtual. El corazón humano está hecho para la Belleza, la Bondad y la Verdad que sólo la Iglesia-madre puede revelar.

Miembros de nombramiento pontificio que completan la Comisión del Documento Final

Finalmente, después de la elección de ayer de los 5 Padres sinodales que representan a los 5 continentes en la Comisión para la redacción del Documento Final, durante la congregación de esta mañana se anunciaron los tres miembros de nombramiento papal: el Arzobispo Mayor de Kiev-Halyc Sviatoslav Shevchuk, Jefe del Sínodo de la Iglesia Católica Griega Ucraniana, el Padre Alexandre Awi Mello, Secretario del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y el Rev. Eduardo Gonzalo Redondo, responsable de la Pastoral Vocacional de Cuba. Estos ocho trabajarán junto con el Relator General, los dos Secretarios Especiales y el Secretario General, en el trabajo de la Comisión.

Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,1-4):

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»
Él les dijo: «Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”»

Palabra del Señor.

 

 

Pablo se siente legítimo apóstol de los gentiles. La Iglesia de Jerusalén (Santiago, Juan y Pedro) así se lo han confirmado. Esta es la carta de legitimación de que su predicación es auténtica, frente a las tendencia judaizantes que querían someter a los cristianos gentiles a las prescripciones judías. Pablo pone en evidencia uno de los grandes conflictos que tuvo la Iglesia de los primeros tiempos, y que estuvo a punto de escindir la Iglesia. Al final la unidad se mantuvo, no sin dolor, renuncia y diálogo en la búsqueda de la voluntad de Dios allí donde Dios se nos muestra.

En el evangelio Jesús nos enseña la oración del Padrenuestro. Es la respuesta a la inquietud de sus discípulos por la oración: “Señor, enséñanos a orar”. Es la oración fundamental, es decir la que nos lleva a fondo de nuestra fe, a nuestra experiencia filial. El Padrenuestro es un maravilloso y sencillo mapa para viajar al centro. En la versión de Lucas, nos lleva al centro a través de cuatro peticiones esenciales: el reino, el pan, el perdón, la preservación de la tentación. Jesús ora porque necesita viajar al centro de su experiencia filial, porque necesita respirar el cariño de su Abbá. Jesús es el gran experto del “viaje al centro”. Y, desde el centro, se conecta con todos y con todo. Sé que estas expresiones pueden malentenderse en tiempos en que hemos hablado, más bien, de la necesidad de viajar la periferia. No hay contradicción. Aquí el “centro” no significa el ámbito del poder sino el núcleo de la persona, su corazón. Viajar al centro es viajar al santuario de nuestra identidad, en el que descubrimos a Dios, nos descubrimos a nosotros mismos de un modo nuevo, nos vinculamos a los demás en la raíz y nos insertamos en el mundo. Por eso orar es como respirar.

Conferencia de Prensa Sínodo. “Los jóvenes quieren una Iglesia coherente”

Se llevó a cabo en la Oficina de Prensa del Vaticano la conferencia de prensa en la conclusión de los trabajos sobre la primera parte del Instrumentum laboris de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Intervinieron, además del Prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini, el Card. Désiré Tsarahazana, Arzobispo de Toamasina (Madagascar), Presidente Delegado; el Card. Gérald Cyprien Lacroix, I.S.P.X., Arzobispo de Québec (Canadá) y Miembro de la Comisión para la Información; Card. Oswald Gracias, Arzobispo de Bombay (India), Presidente de la Conferencia Episcopal, Relator del grupo Anglicus A; y la hermana Nathalie Becquart, Oyente, Ex-Directora del Servicio nacional para la Evangelización de los jóvenes y para las vocaciones de la Conferencia Episcopal de Francia.

En Madagascar la corrupción desanima a los jóvenes

En su intervención, el card. Tsarahazana expresó haber constatado durante los trabajos, la variedad de realidades de los jóvenes del mundo, y manifestó la particular situación de los jóvenes de su país, que deben afrontar una pobreza extrema: “la desocupación que les espera tras los estudios es una certeza”, afirmó. “La corrupción es una gangrena en nuestro país. Desilusiona saber que no es con el fruto del trabajo que se encuentra una ocupación sino a través de la corrupción. Se compra el diploma, el lugar de trabajo, y en ese punto los jóvenes se preguntan, ¿a qué sirve trabajar?”

En este contexto, “la Iglesia es aún una institución confiable, no obstante las imperfecciones”, y “la mayor parte de los jóvenes participan en la vida de la Iglesia”, dijo.

En Madagascar – añadió el Arzobispo – también se constata la injusticia, lo que favorece la inseguridad; y debido a la falta de confianza en el aparato judicial los jóvenes se ligan “a la violencia y a la justicia popular”.

En este sentido el card. Tsarahazana señaló la importancia de escuchar a los jóvenes, lo que implica “interesarse en sus vidas”, porque de otro modo, “ellos se dirigen a las sectas”. E hizo referencia a un llamamiento hecho por los obispos del país a la “conversión de los adultos”: “debemos ser coherentes y auténticos en la vida, porque así se da impulso a los jóvenes a tomar en mano su vida”. “Si todos los cristianos malgache viviesen en profundidad su fe, nuestro país no se encontraría en un estado de pobreza”.

En el Sínodo, clima fraterno para construir “con” los jóvenes

El Cardenal Lacroix, por su parte, destacó el clima fraterno que se vive en el Sínodo, algo que ayuda a “discernir vías de acción para seguir construyendo el futuro junto a los jóvenes”.

“Vivimos los intercambios en un clima de oración en el que también el silencio tiene lugar”. “Tras cuatro intervenciones se llevan a cabo tres minutos de silencio”. “Veo que mi pensamiento evoluciona, se enriquece y se adapta a lo largo del Sínodo a tratar de caminar mejor juntos”. No se trata, añadió el cardenal, de “particulares individuos o grupos de personas”, sino de “la iglesia toda” la que saldrá vencedora, por haber encontrado “las vías de vivir mejor la pastoral con los jóvenes que están hoy con nosotros y que estarán mañana”. “Es un privilegio compartir esto con hombres y mujeres del mundo entero”. “Las próximas dos semanas serán seguramente muy interesantes”, aseguró.

“Los jóvenes piden que los tomemos en serio”

El cardenal Gratias manifestó el impacto causado por la unicidad del mensaje de los jóvenes, quienes, dijo, “son distintos en todo el mundo, pero las aspiraciones son las mismas: escúchenos, tómennos en serio, permítanos cometer errores, confíen en nosotros, nos tomaremos la responsabilidad”.

Otro elemento destacado por el Cardenal fue el número de relaciones llegadas de los jóvenes que solicitan mejorar la liturgia:  “hagan que a través de la liturgia experimentemos a Dios”, recordó el cardenal Gratias. “Estoy impresionado por las participaciones de los jóvenes. Han desafiado a la Iglesia a trabajar juntos”.

“Los jóvenes quieren una Iglesia coherente”

“Estoy impactada de este deseo de los obispos de ir adelante, de ‘mover’ las cosas”. Así se expresó la hermana Nathalie Becquart, narrando, también ella, la atmósfera de “extrema fraternidad”, que se vive en el Sínodo, que ha permitido “instaurar la confianza”. “La imagen es la de una barca en la cual estamos juntos para navegar en este mundo”. “En todas las intervenciones sentí verdaderamente, la humildad”, dijo. Y añadió que “la máquina sinodal ha navegado mar adentro y ahora buscamos juntos el recorrido”.

“Testimonio la Iglesia muy humilde que reconoce la dificultad y está en un recorrido de conversión”, dijo también la religiosa. “Hay algo de verdadero y auténtico y esto me da mucha esperanza. “Ellos (ndr. los jóvenes) quieren una Iglesia coherente, fuerte, que escuche, que sea relacional y dé esperanza. Por tanto debemos experimentar, en este proceso de discernimiento, teniendo en mente la escucha recíproca que es la clave de la evangelización de la Iglesia de hoy”.

“Esta Iglesia sinodal es la Iglesia que camina en la historia. En este sínodo caminamos juntos, hombres y mujeres”.

Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Palabra del Señor.

 

 

Pablo explica los acontecimientos que precedieron a su conversión, para decir a la comunidad que si abandonó la tradición recibida y por la que tanto ahínco luchó fue porque Dios le llamó personalmente. Se manifiesta a sí mismo como un fariseo ferviente, llegando incluso a convertirse en perseguidor de los cristianos. Bien, pues este hombre, fue el mismo que desde el encuentro con Cristo en el camino de Damasco se transformó en lo que es ahora, un ferviente seguidor de Jesucristo. Subrayando que el Evangelio que predica no lo ha recibido de los apóstoles (manifiesta que sólo acude una vez a Jerusalén para ver a Pedro, y que después no vio a ningún otro apóstol que a Santiago), sino que lo ha recibido directamente de Dios, de Jesús, como los mismos apóstoles. La autenticidad de su apostolado radica en su obediencia directa y radical a la llamada de Cristo a ser su apóstol.

El Evangelio narra el encuentro de Jesús con Marta y María. Podemos preguntarnos si es lícita la actitud de María, sentada a los pies de Jesús y conversando tranquilamente con Él, mientras Marta se afana en los quehaceres de la casa. ¿podríamos trasladar la pregunta a nuestro tiempo en que hay tantas cosas que hacer? Jesús le dice a Marta que sólo hay una cosa necesaria. Muchos hombres y mujeres descubren esta verdad en el momento de su muerte. Es como si, al final del camino, con la perspectiva de toda su existencia delante de los ojos, percibieran de golpe lo que merece la pena y lo que es puro relleno. Algunos, “por revelación”, descubren esto mucho antes y tratan de conducirse de un modo nuevo, dando valor al estar “a los pies del Señor” (tanto en su vertiente contemplativa, como en su vertiente activa).

¿Quién nos va a ayudar a descubrir el poder transformador de una vida planteada de este modo?

Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Palabra del Señor.

 

 

A lo largo de esta semana iremos leyendo los fragmentos principales de la Carta de San Pablo a los Gálatas. Pablo, hoy, sale al paso de un problema: la situación de desconcierto creada por los que han predicado “otro” evangelio distinto del de Jesucristo. Este es un problema de siempre. Surge cada vez que nuestra predicación (o nuestro criterio, o nuestro punto de vista) nace más de nuestra particular manera de entender a Dios y de vivir la fe o de una mera proyección psicológica, que realmente de las fuentes comunes de revelación de Dios. A menudo, lo que consideramos evangélico no es más que un fruto de nuestra necesidad de imponernos a otros, o de ser aceptados, o de nuestras ideas, o de justificar nuestra mediocridad. Cada vez que enarbolamos frases rotundas como: “Esta clarísimo en el evangelio que” o “Hay que cortar por lo sano” es como para echarse a temblar solemos estar más frente a nuestra particular interpretación del Evangelio que del Evangelio mismo. Y es que el Evangelio  suele tener un tono exigente, pero al mismo tiempo es profundamente liberador. Apela a la inteligencia de las personas (“¿Qué os parece?) y también a su libertad (“Si quieres”). Jesús tiene toda la fuerza del mundo para “imponer” el evangelio por decreto ley, porque sí, porque yo soy el que mando, y, sin embargo, procede por la vía de la seducción. Lo comprobamos en el evangelio de hoy. Más que la parábola del buen samaritano en sí misma podemos fijar nuestra atención en las preguntas que Jesús hace al Maestro de la Ley: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Y también dos recomendaciones: “Haz esto y tendrás la vida”, “Anda, haz tú lo mismo”.

Jesús no cuenta la parábola para humillar al maestro de la ley, sino para conectar con lo mejor de este hombre, para abrirle un horizonte más amplio, para hacerle ver la buena noticia, con la que “tendrá vida”.

¡De qué manera tan distinta sonaría el evangelio en nosotros si surgiese de este modo y no como un arma arrojadiza al servicio de nuestros intereses, por nobles que aparezcan, sino como un instrumento de liberación, una manifestación del amor de Dios que quiere llegar al corazón de cada uno, que quiere “que todos los hombres de salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Nunca desde la imposición o el acorralamiento, sino desde la libertad y es descubrimiento personal.