Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

AQUEL mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana la sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria».
Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

 

 

Camino de la finca, los discípulos de Emaús  hicieron la experiencia del paso de la oscuridad a la luz, de la ceguera a la visión, de la distracción al reconocimiento. Vivieron una catequesis y una experiencia de fe en  la nueva presencia de Cristo. “A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero el desapareció”. El camino, la conversación, la explicación de la Escritura, el bendecir y compartir el pan, han sido los elementos de la cristolofanía. El final verifica la convicción fundamental: “Era verdad, ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. A la inversa, la Eucaristía es un sacramento pascual;  los discípulos lo reconocen al partir el pan.

El milagro del “lisiado de nacimiento” muestra la eficacia vitalizadora del Resucitado por medio de sus testigos. Los discípulos  son portadores del poder del Resucitado. Hablan en su nombre, curan en su nombre: “en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar”.  Y echó a andar dando brincos y alabando a Dios.

El tipo de curación tiene un alto significado simbólico. El Resucitado hace mover al paralítico que somos cada uno de nosotros. Nos cura de nuestras parálisis. Nos pone en movimiento, nos hace saltar y alabar a Dios. La fe en el Resucitado aporta una forma de vida nueva.

Y eso hay que celebrarlo, agradecerlo, contarlo anunciarlo. Es la  gran maravilla que Dios ha hecho en nuestra historia. Y que sigue haciendo con nosotros.

 

 

Evangelio según san Juan (20,11-18)

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,11-18):

EN aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice.
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor

 

 

Esa es la experiencia de María Magdalena. Llevada de su amor se acerca a visitar el sepulcro. Llora. En la narración resuena el eco del Cantar de los Cantares. Jesús resucitado le ha salido al encuentro mediante  los ángeles intérpretes. El punto de partida es el descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús. Jesús se hace presente. Pero ella no lo reconoce; lo confunde con el jardinero. El intercambio de monosílabos es la expresión del reconocimiento; Jesús pronuncia su nombre: “María”; María responde: “Raboni, maestro”. Se reconocen por la forma de pronunciar el nombre del amado. Se trata de un encuentro prototípico. Un reconocimiento y un abrazo de fe. Y como toda cristofanía  incluye la misión: anda y dile a mis hermanos…

El Cristo que se sale al encuentro de María Magdalena es el mismo Jesús  constituido por Dios Señor y Cristo: Ha sido rehabilitado y acreditado por  Dios. Lucas insiste en la contraposición entre la acción condenadora de las autoridades judías y el obrar trasformador y legitimador de Dios. Gracias al constituido Mesías y  Señor estamos en una nueva etapa de la historia de la salvación; gracias a eso es posible la conversión y el bautismo. La promesa se universaliza: es para vosotros y vuestros hijos. El don del Espíritu es la síntesis de esa novedad.

Pedro se dirige a la casa de Israel. Entiende su anuncio de Cristo como un fenómeno dentro del pueblo de Israel. Trata de abrir los ojos de los israelitas, que admitan su culpa, que reconozcan la situación creada por la Pascua. Y se conviertan aceptando la palabra de la predicación.

María Magdalena ha encontrado al resucitado Jesús, a quien había encontrado en la historia. Y ese encuentro la ha  vitalizado: le ha abierto a los ojos. “Resucitó de veras mi amor y esperanza”.

Sólo para los que aman de verdad tiene sentido pleno la resurrección. Sólo se resucita en la medida en que se ama. ¿Tengo experiencia de resurrección? ¿Me siento “amenazado” de resurrección”.

Mons. Báez al despedirse de Managua: “El diálogo es la única salida pacífica”

“¡No se negocian las libertades! Ni la dignidad, ni la vida de las personas”, lo dijo Mons. Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua, Nicaragua, en su homilía en la Santa Misa de Pascua, celebrada en la parroquia Santo Cristo de Esquipulas, antes de transferirse a Roma por un periodo a solicitud del Papa Francisco.

Nicaragua sea tierra de justicia y libertad

En su homilía, el Obispo Auxiliar de Managua también invitó a los numerosos fieles que se congregaron en el templo del Santo Cristo de Esquipulas a buscar la paz, no obstante el país este atravesando por un clima de violencia. “La tumba está vacía – dijo Mons. Báez – Cristo ha resucitado. No dejemos que nos dejen vivir en una tumba social. Nicaragua no es una tumba; que Nicaragua sea una tierra de hombres y mujeres libres que aman la justicia y la libertad”.

Esperanza de diálogo, no violencia

Asimismo, Mons. Báez reiteró que “el diálogo es la única salida pacífica y que puede evitar peores consecuencias”; es necesario, por tanto, “tener esperanza en el diálogo”, pero – añadió – “que hay que decir la verdad, este Gobierno no quiere dialogar”. Y continuó: ““¡No se negocian las libertades! Ni la dignidad, ni la vida de las personas. El Obispo pidió entonces la liberación de los presos políticos, que -dijo- “no deberían haber sido encarcelados”. Finalmente, hizo un llamamiento: “Vivan su fe (…) para que nadie les quite la esperanza ni les haga caer en la violencia; sean un pueblo que renuncia a la violencia. No se dejen; crean en el poder del amor y de la reconciliación”.

Oración del Papa Francisco por Nicaragua

En su Mensaje y bendición Urbi et Orbi, el Papa Francisco elevó esta oración por Nicaragua: “Que el Señor resucitado ilumine los esfuerzos que se están realizando en Nicaragua para encontrar lo antes posible una solución pacífica y negociada en beneficio de todos los nicaragüenses”.

Se reanudarán las negociaciones

Mañana se reanudarán las negociaciones en Managua: 6 miembros del gobierno y 6 miembros de la oposición estarán presentes, además del Nuncio Apostólico en Nicaragua, Mons. Waldemar S. Sommertang, y Luis Ángel Rosadilla de la Organización de los Estados Americanos (OEA), fueron invitados por las partes a participar en el diálogo como testigos internacionales. De las negociaciones celebradas hasta la fecha han surgido dos importantes acuerdos, uno sobre la liberación de los presos políticos y otro sobre los derechos y garantías de los ciudadanos, pero todavía no se han aplicado. Los otros dos temas de la agenda que se abordarán son la cuestión de la justicia y el proceso democrático.

 

Fuente: Vatican News

Vigilia Pascual: “A Jesús no se le conoce en libros de historia; se le encuentra en la vida”

La Pascua es la fiesta de la remoción de las piedras

“Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad” ha proseguido el Papa Francisco, puntualizando que “la historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la «piedra viva»” que es – dice Francisco – “Jesús resucitado”. Además, ha pedido que nos preguntemos cuál es la piedra que tenemos que remover en nosotros, asegurando que esta noche cada uno de nosotros “está llamado a descubrir en el que está Vivo a aquél que remueve las piedras más pesadas del corazón”, porque es Él – ha dicho el Papa – “quien viene para hacerlo todo nuevo, para remover nuestras decepciones”.

La piedra de la desconfianza

Francisco ha explicado que, a menudo, la esperanza se ve obstaculizada por “la piedra de la desconfianza”: “Cuando se afianza la idea de que todo va mal y de que, en el peor de los casos, no termina nunca, llegamos a creer con resignación que la muerte es más fuerte que la vida y nos convertimos en personas cínicas y burlonas, portadoras de un nocivo desaliento”.

Pero también ha hablado de otro concepto: “el sepulcro de la esperanza”; un monumento que en ocasiones construimos dentro de nosotros debido a la insatisfacción: “quejándonos de la vida, hacemos que la vida acabe siendo esclava de las quejas y espiritualmente enferma” ha dicho el Papa, explicando que se va abriendo paso así una especie de psicología del sepulcro: “todo termina allí, sin esperanza de salir con vida”. Y aquí entra en juego la pregunta hiriente de la Pascua – dice el Papa –  “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”  y a la cual responde firmemente: “El Señor no vive en la resignación. Ha resucitado, no está allí; no lo busquéis donde nunca lo encontraréis: no es Dios de muertos, sino de vivos” y exclama: “¡No enterréis la esperanza!”.

La piedra del pecado

Junto a la piedra de la desconfianza – ha continuado el Pontífice – está “la piedra del pecado” que “sella el corazón”: “El pecado seduce, promete cosas fáciles e inmediatas, bienestar y éxito, pero luego deja dentro soledad y muerte”. Además, el pecado es – ha puntualizado – “buscar la vida entre los muertos, el sentido de la vida en las cosas que pasan”.

Levantemos la mirada, el Señor está con nosotros

Recordando de nuevo a las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús y se quedaron asombradas ante la piedra removida y con las caras mirando al suelo, el Papa explica que al igual que a ellas, también a nosotros muchas veces nos sucede lo mismo y “preferimos permanecer encogidos en nuestros límites, encerrados en nuestros miedos”. Y esto lo hacemos – dice Francisco – “porque es más fácil quedarnos solos en las habitaciones oscuras del corazón que abrirnos al Señor”. Ante esto, afirma el Santo Padre, “el Señor nos llama a alzarnos, a levantarnos de nuevo con su Palabra, a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra”.

La mirada de Jesús nos infunde esperanza

Francisco también ha exhortado, por un lado, a mirar la vida como Dios la mira: “En el pecado, él ve hijos que hay que elevar de nuevo; en la muerte, hermanos para resucitar; en la desolación, corazones para consolar”. Por otro lado, el Papa ha invitado a no quedarnos mirando el suelo con miedo, sino a mirar “a Jesús resucitado” porque su mirada “nos infunde esperanza” y nos dice “que siempre somos amados y que, a pesar de todos los desastres que podemos hacer, su amor no cambia”. Además, el Papa ha señalado que podemos cumplir la Pascua con Él, es decir, el paso: “de la cerrazón a la comunión, de la desolación al consuelo, del miedo a la confianza”.

Estar atentos al riesgo de tener fe de museo y no la fe de pascua

Si no tenemos un amor vivo con el Señor, se corre el riesgo de tener “una fe de museo, no la fe de pascua” ha puntualizado el Papa. Y en ese sentido, ha explicado que Jesús “no es un personaje del pasado” sino “una persona que vive hoy” y que “no se le conoce en los libros de historia” sino que “se le encuentra en la vida”.

“A veces nos dirigimos siempre y únicamente hacia nuestros problemas, que nunca faltan, y acudimos al Señor solo para que nos ayude” ha dicho el Papa concluyendo su homilía y ha puntualizado que “entonces no es Jesús el que nos orienta sino nuestras necesidades”. Ante esto, Francisco asegura que la Pascua nos enseña que el creyente está llamado a caminar al encuentro del que Vive y a darle un lugar central en la vida y pide dejar que el Resucitado nos transforme, pues – finaliza – cuantas veces luego de habernos encontrado con el Señor, “volvemos entre los muertos, vagando dentro de nosotros mismos para desenterrar arrepentimientos, remordimientos, heridas e insatisfacciones”.

Pascua en la Plaza de San Pedro

El Papa Francisco celebrará la Santa Misa en la Solemnidad de la Pascua de Resurrección en una Plaza de San Pedro convertida en un gran jardín gracias a los floristas holandeses y eslovenos

Mañana, domingo 21 de abril, a las 10.00 en la Plaza de San Pedro el Papa Francisco celebrará la Santa Misa en la Solemnidad de la Pascua de Resurrección. Y a mediodía, desde el balcón central de la Basílica Vaticana, el Pontífice impartirá su bendición Urbi et Orbi, es decir a la ciudad de Roma y al mundo entero.

Regalo tradicional de Holanda que llega a su 33ª edición

También este año para la Misa de Pascua la Plaza de San Pedro aparecerá transformada como un gran jardín, puesto que la adornarán más de 55.000 flores y plantas, procedentes directamente de Holanda, como regalo tradicional de esta nación que llega ahora a su 33ª edición.

Para su disposición ha trabajado un equipo de treinta floristas holandeses. Entre las flores se destacan: 25.000 tulipanes, blancos, rojos, amarillos y anaranjados; 7.000 narcisos, amarillos y blancos; y 6.000 jacintos, azules y blancos.

Eslovenia colabora desde hace quince años

La novedad de este año es la utilización de 1.500 flores de Strelitzia reginae (Ave del paraíso o flor del pájaro) y 1.000 hojas de Strelitzia, que destacan en grandes arreglos florales. Además, este año, entre las flores que decorarán el altar de la Confesión en la Basílica de San Pedro para la Vigilia Pascual de esta noche, se han colocado orquídeas de Eslovenia. Habrá alrededor de 300 de dos tipos y colores diferentes.

Durante los últimos quince años, también Eslovenia ha estado enviando trabajadores a la Ciudad del Vaticano para la Pascua a fin de colaborar con el Servicio de Jardinería de planta estable.

Fuente: Vatican News

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, Jesús habló a los fariseos, diciendo:
«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».
Le dijeron los fariseos:
«Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero».
Jesús les contestó:
«Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y e! que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me ha enviado, el Padre».
Ellos le preguntaban:
«Dónde está tu Padre?».
Jesús contestó:
«Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre».
Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.

 

Ésta es la segunda semana con el Evangelio de Juan. Y son muchos los personajes que van apareciendo. Unos, a favor de Jesús, sobre todo los que se han visto beneficiados por la acción benéfica del Salvador. Otros, en contra. Los que se apegaban a la ley, a la norma, hasta ser casi inmisericordes.

“Yo soy la Luz”. Durante toda la semana, veremos a Jesús discutiendo con los judíos, sobre su autoridad, su procedencia y, de alguna manera, anticipando el fin que le espera.

A los que vivimos en el norte, sufriendo la noche polar, hablar de luz es siempre motivo de alegría. Y tener luz en nuestra vida es muy, pero que muy necesario. Y no solo físicamente, es decir, para ver por dónde andas, sino también espiritualmente, para no perdernos en el mundo que nos rodea.

A menudo nos sentimos débiles, perdidos en un mundo en el que predominan las malas noticias. Y nosotros mismos vemos que no podemos cambiar mucho. Que nos pueden las tinieblas. Y le ponemos ganas, pero no basta. Caemos una y otra vez en los mismos errores.

Entonces aparece la Luz, y nos ofrece su brillo, para que sepamos hacia dónde ir. Y nos invita a seguirle. Particularmente, como personas, y juntos, como Iglesia.

Cada uno de nosotros tiene la invitación para aceptar a Cristo como la Luz verdadera. Y no solo. Eso no es todo. No podemos ser egoístas. Si hemos encontrado la luz, tenemos que compartirla con todos. Tenemos que ser luz. “Tú eres del mundo la luz”, decía hace años la letra de un musical cristiano. ¡Es una tarea que te está esperando! ¡Sé un buen Juan el Bautista para otros”! Y, si te ves sin fuerzas, repite el estribillo del salmo: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”. Y créelo.

santo evangelio según san Marcos 12,28b-34

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,28b-34):

EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

 

En el encuentro con este hombre de buena voluntad, doctor de la Ley,  y sobre todo buscador de la verdad, fue para Jesús una gran alegría. ¡Lo vio tan cerca del reino de Dios!

También en los tiempos  de Jesús había una seria preocupación por conocer en concreto la voluntad de Dios, pues un número exagerado de disposiciones y normas impedía ver con claridad lo que era realmente importante y decisivo para encontrarse con el Dios del cielo.

La respuesta de Jesús se caracteriza por la claridad con que reconoce el buen deseo de este doctor de la Ley. Ha sabido unir el amor a Dios y el amor al prójimo. Jesús reforzará esta afirmación.  Sólo el amor a Dios hace posible el amor al prójimo, y sólo cuando amamos de verdad al prójimo demostramos que es verdadero nuestro amor a Dios nuestro Padre.

Los santos nos enseñan con su vida y ejemplos esta verdad tan maravillosa del evangelio.

Decía santa Teresa de Calcuta:

“Yo creo en la relación de persona a persona. Para querer a una persona, hay que acercarse a ella. Si esperamos  tener un buen número de personas, nos perdemos en los números. Cada persona para mi es Cristo, y puesto que hay un único Jesús, la persona que tengo delante  es para mí la única persona en el mundo en aquel momento.

Además, como no podemos ver a Cristo, no podemos expresar nuestro amor por Él.

Pero al vecino podemos verle y podemos hacer por él lo que haríamos por Cristo si le viéramos.

Por eso para que nuestro trabajo sea fructífero y hermoso debemos hacerlo con mucha fe.

Con fe en Cristo que nos dice: “Tenía hambre, estaba desnudo, enfermo, sin casa, era extranjero… y me ayudaste”.

Evangelio de hoy…

Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

EN aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor

 

En toda comunidad cristiana debe reinar la paz. Y si esta paz desaparece, hay que buscar la forma de recuperarla a través del perdón. Y si un miembro de la comunidad se niega a perdonar a otro y mantiene a la comunidad dividida, los responsables tienen que intervenir. Pues  estando enfrentados entre nosotros, con el corazón lleno de amargura,  no podemos acercarnos de verdad a nuestro Padre Dios. Si no somos capaces de perdonar al que nos ha ofendido, entonces tampoco seremos capaces de rezar el Padrenuestro y decir “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quien nos ha ofendido”.

Quien ha experimentado la misericordia de Dios no puede andar calculando las fronteras del perdón y la acogida al hermano. Como aquel que decía: “Te perdono, sí, pero sólo por hoy”. Aunque también este gesto tiene su valor, porque ya es un primer paso en la dirección correcta.

En su visita a Ginebra, Suiza, el año pasado el Papa tomó tres palabras como tema de su enseñanza: Padre, paz, perdón. Dijo el Papa: “Es difícil perdonar, siempre llevamos dentro un poco de amargura, de resentimiento, y cuando alguien que ya habíamos perdonado nos provoca, el rencor vuelve con intereses. Pero el Señor espera nuestro perdón como un regalo”.

Cuántas veces durante el Año Santo de la Misericordia recordó el Santo Padre que Dios siempre perdona y nos facilita el acceso al perdón, basta un pequeño gesto por donde su amor nos pueda conectar. Como aquel humilde campesino que decía: “Sí, yo sé que como cristiano tengo que perdonar, pero no puedo. Es superior a mis fuerzas y no me lo van a aceptar en mi familia”. Con estas palabras él se reconocía humanamente muy frágil, pero deseoso de cumplir la palabra de Jesús. Había comenzado a caminar por el camino correcto  siguiendo la enseñanza de Jesús nuestro Maestro y el milagro del perdón seguro que llegó en su momento.

Acabamos de leer en el salmo: “Señor, enséñame tus caminos,  instrúyeme en tus sendas:

haz que camine con lealtad;  enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador”. Sólo con la bendición y fuerza que nos da nuestra fe y confianza en Dios podremos tener compasión de nuestro hermano que nos ha ofendido y ofrecerle nuestro perdón por amor a Jesús, que por nosotros ha muerto en la cruz perdonando a sus asesinos.

Catequesis del Papa: «Hágase tu voluntad», abandonarse al amor del Padre

“Queridos hermanos: continuamos con la catequesis sobre el Padrenuestro, y lo hacemos reflexionando sobre la tercera invocación: «Hágase tu voluntad» que se une a las dos primeras de este tríptico: «sea santificado tu nombre» «venga tu Reino»”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia del tercer miércoles de cuaresma continuando con su ciclo de catequesis dedicadas a la oración del Padre Nuestro.

Dios siempre toma la iniciativa para salvarnos

En su catequesis, el Santo Padre recordó que, es siempre Dios quien toma la iniciativa para salvarnos, y nosotros lo buscamos en la oración, y descubrimos que Él ya nos estaba esperando, la perspectiva de Dios es diferente a la del hombre. “Todo el Evangelio refleja esta inversión de perspectiva. El pecador Zaqueo sube a un árbol porque quiere ver a Jesús, pero no sabe que, mucho antes, Dios se había puesto en camino en su búsqueda. Cuando Jesús llega, le dice: ‘Zaqueo, baja inmediatamente, porque hoy tengo que quedarme en tu casa’. Y al final declara: ‘El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido’. Esta es la voluntad de Dios, aquella que nosotros pedimos que se haga. ¿Cuál es la voluntad de Dios encarnada en Jesús? Buscar y salvar lo que estaba perdido. Y nosotros, en la oración, pedimos que la búsqueda de Dios sea exitosa, que su plan universal de salvación se cumpla”.

 

La fiel y paciente voluntad divina

En este sentido, el Papa Francisco señala que, Dios no es ambiguo, no se esconde tras los enigmas, no ha planificado el futuro del mundo de manera indescifrable. “Si no entendemos esto – precisa el Pontífice – corremos el riesgo de no entender el significado de la tercera expresión del Padre Nuestro. De hecho, la Biblia está llena de expresiones que nos narran de la voluntad positiva de Dios hacia el mundo. En el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos una colección de citas que dan testimonio de esta fiel y paciente voluntad divina (cf. nn. 2821-2827). Y San Pablo, en su primera carta a Timoteo, escribe: ‘Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’. Esta, sin duda, es la voluntad de Dios: la salvación del hombre, de cada uno de nosotros. Dios con su amor toca la puerta de nuestro corazón”.

El Padre Nuestro, una oración valiente

Por eso, el Santo Padre dice que cuando oramos diciendo “hágase tu voluntad”, no estamos invitados a inclinar nuestras cabezas servilmente, como si fuéramos esclavos. No, Dios nos quiere libres, es su Amor el que nos libera. El Padre Nuestro, de hecho, es la oración de los hijos, que conocen el corazón de su padre y están seguros de su designio de amor. Ay de nosotros sí, al decir estas palabras, levantamos los hombros como signo de rendición ante un destino que nos repugna y que no podemos cambiar. Al contrario, es una oración llena de ardiente confianza en Dios que quiere para nosotros el bien, la vida, la salvación. Es una oración valiente, incluso combativa, porque en el mundo hay muchas, demasiadas realidades que no están de acuerdo con el plan de Dios.

“Aquí, Padre, hay guerra, prevaricación, explotación; pero sabemos que Tú quieres nuestro bien, así que te rogamos: ¡hágase tu voluntad! Señor, subvierte los planes del mundo, convierte las espadas en arados y las lanzas en guadañas; ¡que nadie practique más el arte de la guerra!”

El Padre Nuestro, una oración que transforma el mundo

El Papa Francisco también dijo que, el Padre Nuestro es una oración que enciende en nosotros el mismo amor de Jesús por la voluntad del Padre, una llama que nos impulsa a transformar el mundo con el amor. “El cristiano – precisa el Papa – no cree en un ‘destino’ ineludible. No hay nada aleatorio en la fe de los cristianos, sino una salvación que espera manifestarse en la vida de cada hombre y mujer y realizarse en la eternidad. Si oramos es porque creemos que Dios puede y quiere transformar la realidad superando el mal con el bien. A este Dios tiene sentido obedecer y abandonarse incluso en la hora de la prueba más dura”.

Orar es abandonarse con confianza

Finalmente, el Santo Padre explicó que también Jesús experimentó la angustia y oró en el Getsemaní con confianza y abandono. “Jesús es aplastado por el mal del mundo, pero se abandona confiadamente al océano del amor de la voluntad del Padre. Incluso los mártires, en su prueba, no buscaron la muerte sino la resurrección. Dios, por amor – explica el Pontífice – puede llevarnos a caminar por caminos difíciles, a experimentar heridas y espinas dolorosas, pero nunca nos abandonará. Para un creyente esto, más que una esperanza, es una certeza”.

“Jesús dice: ¿No hará Dios justicia a sus elegidos, que le gritan día y noche? ¿Les hará esperar mucho tiempo? Les digo que les hará justicia pronto”

¡Que a nadie falte el pan cotidiano!

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó a los peregrinos de lengua española venidos de España y América Latina, en modo particular a la Fundación Manos Unidas de España que, desde el compromiso cristiano en su campaña contra el hambre, busca cumplir la voluntad de Dios para que a nadie falte el pan cotidiano ni lo necesario en sus vidas. “Pidamos al Señor que nuestro testimonio y nuestra oración – invocó el Pontífice – sean el revulsivo para que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y se salven. Dios los Bendiga”.