¡No más violencia!

Compartimos el mensaje de nuestro Obispo, Mons. Javier Román Arias, sobre los últimos acontecimientos, los cuales se han visto empañados por la Violencia contra las mujeres. Acá el texto completo.

Alto a la violencia contra las mujeres
Ni una muerte más.

Nuestro país ha iniciado estos primeros meses del año con la tragedia de la muerte de ocho mujeres a manos de sus parejas. La última de ellas fue brutalmente asesinada en Siquirres, en territorio diocesano de Limón.
No puede pasar desapercibida la muerte violenta de nadie y mucho menos de mujeres inocentes a quienes se les ha quitado la vida por causa de violencia machista.
Esta situación debe de llevarnos a reflexionar sobre la manera en la cual estamos educando a nuestros niños y jóvenes para las relaciones humanas, la práctica de valores como la justicia, el amor, la paz, el bien, la verdad, pero también debe hacernos meditar acerca de cuál es nuestro papel frente a estas tragedias, si asumimos una actitud meramente de espectadores o si nos decidimos ser parte de las soluciones.
El primer paso para cambiar esta dura realidad es aceptar que todos tenemos parte en ella. Sea por acción o por inacción, estamos implicados en la muerte de estas mujeres y todas las que, como ellas, a lo largo de los años siguen muriendo a manos de quienes, muy por el contrario, deben de amarlas y respetarlas.
Es imperioso preguntarnos hoy cómo está nuestra salud emocional, qué sentimientos albergamos en nuestro corazón, qué tipo de relación establecemos con los demás y si nuestro entorno favorece la paz o la violencia.
Es doloroso ver que cuando un femicidio sucede, saltan los que afirman que sabían que en esa relación había violencia, que no existía respeto ni consideración, y dejaban pasar de largo ese dolor “porque no era cosa suya”. Nada más alejado de la realidad, estas situaciones nos involucran a todos en la obligación de acompañar, respaldar y ayudar a la persona en riesgo a denunciar a su agresor.
También exige como sociedad demandar las respuestas de parte de las autoridades encargadas de velar por el bien de las mujeres y de la seguridad del país en general. No es posible que muchos de los que han cometido femicidios en los últimos meses tuvieran expedientes delictivos y que precisamente por agresiones anduvieran libres y sin ningún tipo de seguimiento, vigilancia o acompañamiento de parte de ninguna instancia. La impunidad es una ofensa para las víctimas y para toda la sociedad costarricenses.
Ello no quita el hecho de que también, como sociedad, debemos de atender a los ofensores, para que en el entorno de la pena por sus delitos, se les ofrezcan medios de resocialización a fin de que cuando obtengan la libertad rompan cadenas y se conviertan en agentes de cambio social.
En los evangelios vemos al Señor en su trato con las personas, y especialmente con las mujeres, su cercanía amorosa y misericordiosa. La dignidad y el valor que siempre reconoció en ellas debe hacernos meditar sobre el papel de la mujer en la iglesia y en la sociedad.
Con el Papa Francisco, hay que recordar a todas las comunidades donde todavía arrastramos estilos patriarcales y machistas que el Evangelio comienza, en la genealogía de Jesús, subrayando mujeres que marcaron tendencia e hicieron historia.
Y en la Sagrada Familia, el modelo que nos ofrece San José a todos los hombres es uno muy distinto al que el mundo presenta y promueve hoy: San José es un hombre justo, que no dejó nunca que el orgullo, las pasiones y los celos lo arrastraran más allá de su confianza en Dios.
José, nos recuerda el Papa, “toma decisiones mostrando su calidad humana antes de ser ayudado por el ángel y llegar a comprender todo lo que sucedía a su alrededor”. 
“La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley. De hecho, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María, y en su duda por cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio”.
Duele en el alma cada vida perdida de manera violenta. Sueños truncados, proyectos perdidos, hijos desamparados, familias partidas… Cuánto dolor cargamos como sociedad, cuánta sangre más es necesaria para detener esta tragedia…
Y se mata quitando la vida, con cuchillos y pistolas, pero también se mata hoy a las mujeres obstaculizando su desarrollo, poniendo trabas a su formación, considerándolas incapaces de asumir puestos de decisión, pagándole menos por el mismo trabajo, relegándolas de la política y desacreditándolas con chismes y habladurías.
Nuestra sociedad está enferma de violencia, violencia que nace en los hogares y se reproduce en patrones negativos de generación en generación. Es necesario por eso que toda acción y estrategia para luchar contra la violencia tenga como uno de sus ejes la familia, devolviéndole el carácter de formadora para la paz que debe de tener.
También en la Iglesia, muchas veces hemos subvalorado a las mujeres en nombre de un obstinado clericalismo que desconoce el lugar protagónico del laico en la evangelización, y más si es mujer. Preguntémonos con sinceridad, ¿qué sería de la Iglesia sin las catequistas, sin las madres que transmiten la fe, sin las que se involucran como nadie en los proyectos, o sin aquellas que dejan la vida y el corazón por una causa? ¿Quiénes son las que sostienen el mundo con su oración o las que fortalecen la Iglesia desde su carisma religioso? ¿Qué sería de la Iglesia sin la Virgen María, modelo excelso de mujer y paradigma para todas las mujeres de todas las épocas?
Son las mujeres quienes, con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. Por eso es un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de todo cuanto ellas realizan.
Pensemos también en esas mujeres heroínas que hoy cumplen por igual su rol de madres y de trabajadoras, que son cabeza de hogar y cuya entrega va más allá de toda medida. En el silencio de su esfuerzo tejen vidas, forjan futuros y son luz para muchos.
Que la dignidad de cada una de ellas, y su valor como hijas de Dios, nos mueva a todos a tomar decisiones para garantizarles una vida plena y en paz, igualdad, justicia y amor.

Monseñor Javier Román Arias
Obispo Diócesis de Limón.

Evangelio del día.

Del santo Evangelio según san Juan 8, 31-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en Él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderos discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices Tú: Serán libres?”.

Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo, tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”.

Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de prostitución. No tenemos más padre que a Dios”.

Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque Yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por Él”.

Palabra del Señor.

 

Meditación del Evangelio.

En el diálogo que Jesús mantiene con los dirigentes judíos muestra su identidad más profunda: “si os mantenéis fieles a mi palabra…conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”…”yo hablo de lo que he visto estando junto a mi Padre” (Evangelio). Es necesario el paso de una fe inicial, entusiasta, que acepta a Jesús como Mesías-Profeta a la confesión cristiana de la fe que le reconoce como Hijo de Dios. Así confesamos la Verdad que nos hace libres, hijos de Dios en el Hijo que nos le da a conocer.

Hago silencio; me dispongo a orar; “Señor Jesús: en el camino cuaresmal te acercas a mí y me hablas al corazón; en los santos descubro las señales del paso de una fe  infantil a una fe adulta: Pablo, alcanzado por Ti, afirma que lo que antes consideraba ganancia, ahora es pérdida; su nuevo tesoro es conocerte para amarte y seguirte; lo demás lo considera basura. Testimonios como este sacuden mi fe adormecida, cuestionan mi rutina y oro, Señor, para que conozcas mi búsqueda y mi pobreza.

Soy sincero, te confieso que me relaciono contigo “razonablemente”; eres un referente que me aporta seguridad, pero te comparto con otros “señores”. Quiero que me ayudes a purificar mis motivaciones humanas para que hagas de mí tu discípulo, tu amigo. Te ruego que me ayudes a recorrer tu camino hasta poder vivir en tu Paz, consolado o desolado, porque Tú llegues a ser, en verdad, Señor de mi vida. 

Todavía soy yo el dueño de mi vida; hazme experimentar tu verdad que nos hace libres; en este proceso me abandonaré a tu Amor y te seguiré adonde quiera que vayas. Hazme nacer de nuevo a la vida en el Espíritu que te resucitó y nos resucita; que me sienta aludido por el dicho de tu Apóstol: Somos una nueva Criatura, lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo, sin imposiciones, ni legalismos; está brotando la primavera del Epíritu.

Ven, Espíritu Santo, porque donde Tú estás hay libertad, verdad, humildad; hay comunión y esperanza, hay alegría y paz. Ven porque donde Tú estás está Cristo, ven para que no nos falten profetas y testigos, ven y enséñanos a orar, a decir “sí”; ven porque eres capaz de poner gozo secreto en medio del sufrimiento. Con tu fuerza levántame del suelo, quítame los miedos y haz que no abandone el Camino que me lleva a la Vida con mis hermanos. Amén”.  

Mirar a Cristo crucificado.

 

 

 

 

 

 

En la Santa Misa, celebrada en la Casa Santa Marta, el papa Francisco enfatizó su homilía haciendo una recomendación a todos los fieles “Enseñen a sus niños a mirar al crucificado y la gloria di Cristo. Pero nosotros, en los momentos malos, en los momentos difíciles, envenenados un poco por haber manifestado en nuestro corazón alguna decepción contra Dios, miremos las llagas. Cristo levantado como la serpiente: porque él se ha hecho serpiente, se ha anonadado completamente para vencer ‘a la serpiente maligna’. Que la Palabra de Dios hoy nos enseñe este camino: mirar al crucificado. Sobre todo en el momento en el que, como el pueblo de Dios, nos cansamos del viaje de la vida”. 

Compartimos con ustedes la homilía completa, del Papa Francisco. 

Mirar  al Crucificado en los momentos difíciles, cuando se tiene el corazón deprimido y uno se cansa del viaje de la vida. Es la invitación que el Papa Francisco dirigió esta mañana partiendo de la Primera Lectura propuesta por la liturgia del día (Nm 21,4-9) en la que se narra acerca de la desolación vivida por el pueblo de Israel en el desierto y del episodio de las serpientes. El pueblo había tenido hambre y Dios había respondido con el maná y después con las perdices; había tenido sed y Dios le había dado el agua.

Después, ante la proximidad de la tierra prometida, algunos de ellos habían manifestado escepticismo porque los exploradores enviados por Moisés habían dicho que era rica de fruta y animales, pero habitada por un pueblo alto y  fuerte, bien armado: tenían miedo de ser asesinados. Y, por lo tanto, expresaban las razones del peligro que implicaba ir allí. “Miraban su propia fuerza – comentó el Papa – y se habían olvidado de la fuerza del Señor que los había liberado de la esclavitud de 400 años”.

La memoria enferma: cuando se añora la esclavitud

De manera que “el pueblo no soportó el viaje”, como cuando las personas comienzan “una vida para seguir al Señor, para estar cerca del Señor” y en un determinado punto las pruebas parecen superarlas. Aquel tiempo de la vida cuando uno dice: “¡Pero basta!, “yo me detengo y vuelvo para atrás” y se piensa con añoranza en el pasado: “Cuánta carne, cuántas cebollas, cuántas cosas buenas comíamos ahí”. Sin embargo el Pontífice invitó a mirar la parcialidad de esta “memoria enferma”, de esta nostalgia distorsionada porque aquella era la comida de la esclavitud, precisamente cuando eran esclavos en Egipto.

“Estas son las ilusiones que trae el diablo: te hace ver lo bello de una cosa que has dejado, de la que te has convertido en el momento de la desolación del camino, cuando tú aún no has llegado a la promesa del Señor. Es un poco el camino así de la Cuaresma, sí, podemos pensar así; o concebir la vida como una Cuaresma: siempre están las pruebas y las consolaciones del Señor, está el maná, está el agua, están los pájaros que nos dan de comer… y aquella comida era mejor. ¡Pero no olvides que la comías en la mesa de la esclavitud!”.

Criticar a Dios es envenenarse el alma

Esta experiencia – subrayó el Papa – nos sucede a todos nosotros cuando queremos seguir al Señor pero nos cansamos. Y lo peor es que el pueblo ha hablado mal de Dios y “criticar a Dios es envenenarse el alma”. Quizá uno piense que Dios no lo ayuda o que hay tantas pruebas. Siente “el corazón deprimido, envenenado”. Y las serpientes, que mordían al pueblo como narra la Primera Lectura del día, son precisamente “el símbolo del envenenamiento”, de la falta de constancia para seguir en el camino del Señor.

Mirar al crucificado y la gloria de Cristo

Entonces Moisés, por invitación del Señor, hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Esta serpiente, que curaba a todos los que habían sido atacados por serpientes por haber hablado mal de Dios, “era profética: era la figura de Cristo en la cruz”.

“Aquí está la clave de nuestra salvación, la clave de nuestra paciencia en el camino de la vida, la clave para superar nuestros desiertos: mirar al Crucificado. Mirar a Cristo crucificado. ‘¿Y qué debo hacer, Padre?’ – ‘Míralo. Mira las llagas. Entra en sus llagas’. Por esas llagas nosotros hemos sido curados. ¿Te sientes envenenado, te sientes triste, o sientes que tu vida no va, que está llena de dificultades, y también de enfermedad? Mira allí”.

Francisco también invitó esta mañana, en esos momentos, a mirar “al crucificado feo, es decir real”, porque “los  artistas han hecho crucificados bellos, artísticos”, algunos de oro y de piedras preciosas. Y esto – notó el Pontífice – “no siempre es mundanidad” porque quiere significar “la gloria de la cruz, la gloria de la resurrección”. “Pero cuando tú te sientes así, mira esto: antes que la gloria”, subrayó también el Papa Bergoglio.

Por otra parte, Francisco fue con el pensamiento a cuando de niño iba con su abuela el Viernes Santo: se hacía la procesión de las antorchas en la parroquia y se llevaba al Cristo yacente, de mármol, de dimensiones naturales. Y cando llegaba, la abuela nos hacía arrodillar: “¡Míralo bien – decía– porque mañana resucitará!”. En aquel tiempo, en efecto, antes de la reforma litúrgica de Pío XII, la Resurrección se celebraba el sábado por la mañana, no el domingo. “Y entonces la abuela – dijo el Papa Francisco – el sábado por la mañana, cuando se oían las campanas de la Resurrección, nos hacía lavar los ojos con agua, para ver la gloria de Cristo”.

“Enseñen a sus niños a mirar al crucificado y la gloria di Cristo. Pero nosotros, en los momentos malos, en los momentos difíciles, envenenados un poco por haber manifestado en nuestro corazón alguna decepción contra Dios, miremos las llagas. Cristo levantado como la serpiente: porque él se ha hecho serpiente, se ha anonadado completamente para vencer ‘a la serpiente maligna’. Que la Palabra de Dios hoy nos enseñe este camino: mirar al crucificado. Sobre todo en el momento en el que, como el pueblo de Dios, nos cansamos del viaje de la vida”.

Evangelio del día.

Del santo Evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir”. Dijeron entonces los judíos: “¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos dice: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’?”. Pero Jesús añadió: “Ustedes son de aquí abajo y Yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”.

Los judíos le preguntaron: “Entonces, ¿quién eres Tú?”. Jesús les respondió: “Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo he oído decir a él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que hablaba del Padre.

Jesús prosiguió: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada”. Después de decir estas palabras, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.

Motivación del Santo Evangelio:  Hoy es  día propicio para mirar a Cristo crucificado. Jesús dialoga a fondo con los judíos, antes de padecer: se identifica con el Padre; eso escandaliza a los judíos porque son de aquí abajo. “Si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados”. 

Jesús muestra el misterio de Dios en lo que enseña, en cómo vive, también en la cruz: “Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, reconoceréis que yo soy y que no hago nada por mi propia cuenta” (Evangelio). Consecuencias:

  • La Salvación viene del Amor obediente de Cristo crucificado; para nosotros la cruz no es una insignia, ni necedad “sino memoria de Aquel que se hizo pecado” para liberarnos (Papa Francisco). El Hijo del Hombre ha sido elevado para que todo el que cree en Él tenga Vida Eterna. 
  • En el diálogo que mantuvo Nicodemo con Jesús impresiona el compromiso del Padre por nuestra Salvación: “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”. 
  • La relación “premio o castigo” no son suficientes para nuestra conversión. Hoy la liturgia nos invita a mirar al Crucificado, porque su amor clavado nos impulsa a corresponderle: 
    “Contemplo “la Serpiente” bendecida, levantada en la cruz como estandarte: sacramento y misterio, he de mirarte con una fe total y agradecida; antídoto y salud, fuente de vida.
    Quiero acercarme a Ti, y manifestarte mi nada, mi pobreza; y regalarte un beso como flor en cada herida.
    Quisiera penetrar por esas puertas espléndidas en sangre, siempre abiertas, en el Santuario inmenso de tu amor, comulgando con tu gloria y tu dolor; y en tu fuego quemarme, transformado en testigo de un Dios crucificado por Amor. Amén”. (Rafael Prieto).
  • O la plegaria “anónima” más conocida: 
    “No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido  para dejar, por eso de ofenderte.
    Muéveme, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido… muévenme  tus afrentas y tu muerte…
    Muévenme, al fin de tal manera, que aunque no hubiera cielo yo te amara y aunque no hubiera infierno te temiera”.

Y en el horizonte tu Pascua, Señor, tu Victoria sobre el pecado y la muerte…todos los bautizados resucitaremos contigo en la Noche Santa.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a):

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
– «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor

 

Meditación del Evangelio: El Martirologio Romano hace este elogio: “Solemnidad de S. José, esposo de la Bienaventurada Virgen María, varón justo, nacido de la estirpe de David, que hizo las veces de padre para con elHijo de Dios, Cristo Jesús, el cual quiso ser llamado hijo de José y le estuvo sujeto como un hijo a su padre. La Iglesia lo venera con especial honor como patrón, a quien el Señor constituyó sobre su familia”. El patrocinio de S.José es ejemplo de vida entregada a la voluntad Dios para los cristianos de siempre.  Resaltamos: -José es “varón justo”: La promesa gratuita de Dios a Abraham llega a realizarse por la fe del patriarca; la fe es la respuesta del “justo” a Dios. La promesa hecha a Abraham se cumple en la persona de José descendiente del patriarca (2ª lectura); del mismo modo que Abrahám creyó a las palabras de Yavéh, José creyó en las palabras del ángel que le anunciaban el misterio realizado en la concepción virginal del Hijo de su esposa María (Evangelio).

-La llamada de Dios a José le pilló por sorpresa; su plan de casarse con María queda hecho añicos cuando su “novia” queda embarazada antes de vivir juntos. José sufre un terremoto interior: está enamorado, es buen judío y debe denunciar a María para cumplir la ley…decide repudiarla en secreto. Pero “el ángel del Señor le dijo: José, hijo de David, no tengas reparo en recibir a María, tu mujer, porque la criatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo”. ¡Qué diálogo de enamorados creyentes mantuvieron José y María para seguir juntos!; la fe no les allanó el camino pero les dio fuerza para obedecer a Dios y amarnos a todos nosotros. 

-Contemplemos a José en su itinerario vocacional, volcado en acoger y proteger el Misterio del Hijo nacido de María y la maternidad de su esposa: José otorga al hijo de María su linaje, le hace descendiente de David; atiende a María en el parto del niño en circunstancias de extrema pobreza; le pone por nombre Jesús; huye a Egipto para salvarle del tirano Herodes; a la muerte del tirano regresa y se establece en Nazaret; trabaja para atender al sustento de su familia; cuando Jesús tiene 12 años le pierden en Jerusalem y acompañando a María le encuentra discutiendo con los doctores del Templo, después de tres días de búsqueda angustiosa. Y luego, cumplidas las etapas de su vocación, que incluye aceptar la libertad de Jesús para cumplir su Misión,  desaparece del Evangelio.

José figura sumamente importante en la vida de Jesucristo. Hombre justo, que supo distinguir la voz del Señor.

 

Siquirres rinde homenaje a San José Patriarca

En un ambiente festivo, con el calor característico del pueblo siquirreño, y un templo lleno en su totalidad, Siquirres celebró a su santo patrono San José Patriarca. 

Al ser en punto las 9 de la mañana, los patronos de las filiales engalanaban las principales calles del cantón central, dirigiéndose al templo parroquial, para que al ser las 10 de la mañana diera inicio la santa Misa, la cual estuvo a cargo de nuestro obispo Mons. Javier Román Arias, y concelebrada por los presbíteros Efrén Romero, Fabio Garro y Adalberto Dorati.

Con cantos alegres y una asamblea dispuesta, se vivió la eucaristía amenamente, recordando la vida de José, así como también monseñor nos recordaba “cuantos hermanos nuestros desean tener ese encuentro con Jesús”, haciendo alusión a la entrega del servicio a los demás y con nuestra misión evangelizadora, mientras nos lanzaba la pregunta  “¿Qué estamos dispuestos a hacer para llevarlos a Jesús?”. 

En su homilía, además, monseñor Javier nos instaba llevar a Jesús a los demás, “hacer que otros le amen”, nos motiva a enseñar su palabra a los más necesitados.

 Por otro lado, el obispo ejemplificaba la vida de San José, la cual como nos decía, no se presentaba fácil, ya que lo primero que tiene que hacerse es descubrir la voluntad de Dios. “él tenía un proyecto, casarse con María, formar una familia…”, “Pero Dios irrumpe en su vida y lo invita a dejar aquel proyecto y lo invita en esta misión de ser padre adoptivo de su hijo, Dios ya tenía otro plan para él”. 

Con el ejemplo de amor, entrega y fidelidad de San José, “Dios pudo perfectamente cumplir su misión de salvar al mundo”, y es en este mundo moderno que tenemos que tomarle de modelo, porque “quien quiera conocer a Jesús, debe conocer también el camino de la Cruz”, recalcaba el obispo mientras continuaba así la santa Misa.

 Y entre aplausos y agradecimientos, se cerraba un año más la Eucaristía al santo patrono de Siquirres, pero en el exterior del templo, otros feligreses colaboraban ofreciendo desde productos alimenticios, hasta entretenimiento con los juegos tradicionales y otras cosas más, mientras con cantos se amenizaba y a estos le acompañaban desde niños hasta adultos con sus trajes vaqueros,  esperando que diera inicio la gran subasta de ganado.

 Sin duda alguna, el pueblo siquirreño un año más hizo gala de su calor humano y solidario, demostrando el amor a su templo parroquial y su Santo, mismo amor que reflejaba San José, hacia su esposa de María y su hijo Jesús. Amor que Dios nos demuestra a diario.

¡San José Patriarca, ruega por nosotros!

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (12,20-33):

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»
Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

Mons. Romero un hombre de FE

Mons. Óscar Arnulfo Romero, un hombre profundamente marcado por el amor, y quien vivió por defender a los más débiles, y fue hasta su último suspiro parte de su lucha, de la lucha por el pueblo Salvadoreño.

Hoy, recordamos aquel  23 de marzo de 1980, un día antes de su muerte, Romero hizo desde la catedral un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño, en su homilía titulada La Iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendente, que más tarde se conoció como Homilía de fuego:

 Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión. 

El lunes 24 de marzo de 1980 aproximadamente a las 6:30pm fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador desde un auto con capota de color rojo, impactó en su corazón momentos antes de la Sagrada Consagración. Tenía 62 años. Luego de ese capítulo tan impactante para todo el pueblo Salvadoreño, y toda la Iglesia en general, ha sido una figura especial y muy importante a lo largo de los años; por su valentía, y compromiso con los menos afortunados.

El pasado 7 de marzo, el papa Francisco autorizó las futuras canonizaciones de los beatos Pablo VI y Mons Romero. La casualidad divina quiso que en el mismo momento fueran aprobadas ambas causas, la suya y la del beato Papa Pablo VI, a quien desde siempre admiró.  En febrero, el cardenal Gregorio Rosa Chávez decía que el proceso del milagro presentado por la Iglesia salvadoreña en la Congregación para las Causas de los Santos, en el Vaticano, no ha tenido problemas.

El Cardenal, ha estado organizando a todo el pueblo, para que esta celebración sea vivida como un antes y un después en la historia de El Salvador “Es algo que el pueblo necesita y que va a permitir que tantas cosas que parecen imposibles, se hagan posibles, dijo en esa fecha el purpurado,  la Congregación para las Causas de los Santos ‘produce’ bienaventurados y santos, como la Madre Teresa, el padre Pío de Pietrelcina, Juan Pablo II, el arzobispo Óscar Romero, por su extraordinario testimonio evangélico, las naves emblemáticas de la Iglesia y de la sociedad están en nuestro tiempo”. 

Al preguntarle al Cardenal Gregorio sobre el lugar a realizarse la canonización, este respondió a Vatican News que el deseo de la Iglesia católica del país de que se haga en El Salvador, pero también matiza que Romero es un santo del mundo y será el papa Francisco quien tendrá la última palabra, “pero las dos opciones tienen muchísimos seguidores”.

 

“Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger”(Homilía 17-12-78).

Evangelio del dia

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,1-2.10.25-30):

EN aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor

 

Meditación del EvangelioEl Evangelio del día te invita a ser prudente. Jesús mismo da ejemplo pues, sabiendo que “los judíos trataban de matarlo”, salió hacia Jerusalén para las fiestas y, como dice la Escritura, “lo hizo sin que la gente se diera cuenta, como incógnito.” Y este modo de actuar no le impidió hablar con libertad.

El actuar con libertad va de la mano con la prudencia. Cuántas veces te has expuesto al peligro por falta de reflexión, solamente por satisfacer tus caprichos, por ejemplo: salir a un evento – fiesta, reunión, concierto, etc., y has regresado a casa a horas poco convenientes. Puedes notar que Jesús salió a celebrar la fiesta de los campamentos, pero lo hizo con prudencia; a ti te invita a disfrutar de la vida saliendo con tus amigos y personas de confianza o realizando cualquier actividad que sea de provecho en todos los ámbitos de tu vida, pero actuando con prudencia.

Aprende a cuidar tu relación, sea matrimonial o de noviazgo o amistad. Si eres padre y madre, cuida a tus hijos, conversa con ellos, muéstrales y dales amor más que tecnologías y cosas superficiales; recuerda que los hijos necesitan el calor de sus papas, más que la compañía de las institutrices – nanas -, necesitan de tus palabras no de tus mensajes de texto. Si eres hija(o) y sientes la lejanía de tus padres, comprende que probablemente ellos no lo hacen por mal, simplemente no saben cómo acercarse a ti y, en el fondo, llevan heridas que deben de sanar. Jesús cuidó a su familia y a sus discípulos, dejó que ellos fuesen antes y luego llegó para seguir enseñando.

Tal vez te preguntas qué tiene que ver el cuidar a tu familia con la prudencia en tu forma de actuar. La respuesta es simple, nuestro comportamiento es un reflejo de lo que vivimos en nuestro círculo familiar y, cuanto más fuerte sea el lazo familiar, el comportamiento con los amigos, en el colegio o universidad – si eres joven -, en el trabajo o proyectos que realices – si eres soltera(o) o casada(o) -, será el de una persona prudente que sabe vivir la vida siendo libre en su actuar.

Audiencia general del Papa Francisco

En el miércoles 14 de marzo, el Papa Francisco presidió la Audiencia General en la plaza de san Pedro. Prosiguiendo con la catequesis sobre la Santa Misa meditó, a partir del relato de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús, sobre la oración del Padre nuestro, y la fracción del pan.

La oración del Señor hace resonar en nosotros los mismos sentimientos de Jesús por el Padre 

El Santo Padre explicó, en primer lugar, que cuando rezamos el Padrenuestro, rezamos como lo hacía Jesús: “es la oración que hizo Jesús -dijo -, Él nos la enseñó cuando los discípulos le dijeron ‘enséñanos a rezar’. ¡Es bello rezar como rezaba Jesús!”, exclamó también, y añadió que la oración del Padre nuestro, que se nos entregó en el día de nuestro Bautismo, “hace resonar en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús”.

“El rito de la Comunión en la Misa comienza con el rezo del «Padre nuestro». Es la oración por excelencia de los hijos de Dios. Con ella nos dirigimos a Dios llamándole “Padre”; esta es la mejor manera de prepararnos para recibir a Jesús en la Comunión. En ella pedimos el «pan nuestro de cada día», con una referencia particular al Pan eucarístico que necesitamos para vivir como hijos de Dios”.

A veces se reza el Padre nuestro “sin conexión”

Destacando el profundo significado del Padre nuestro, el Pontífice se detuvo a razonar sobre  las veces en que algunas personas recitan el Padre nuestro, “sin saber” lo que se dice. Recordó que cuando rezamos el Padre nuestro nos conectamos con el Padre que nos ama, y precisó que es el Espíritu quien nos da esta “conexión”, “este sentimiento de Hijos de Dios”.

“ El Padrenuestro hace resonar en nosotros los mismos sentimientos de Jesús ”

No es fácil perdonar a las personas que nos ofendieron, debemos pedir la gracia

“Imploramos también a Dios que perdone nuestras ofensas, y nos comprometemos al mismo tiempo a perdonar a los que nos han ofendido”. En este mismo punto de la catequesis que impartió en italiano, el Papa se detuvo para observar que no es fácil perdonar a las personas que nos ofendieron, y también para indicar que ello es una gracia que debemos pedir. “Señor enséname a perdonar como tú me has perdonado”, rezó.

“Así, abriéndonos al perdón de Dios nos disponemos a vivir el amor fraterno. Y por último le pedimos que nos libre del mal, que nos separa de Él y nos aleja de nuestros hermanos”, continuó.

El Señor da la Paz  y la gracia de perdonar a los que nos han ofendido

 

Sucesivamente Francisco se refirió al rito de la paz, que es precedido por la oración del sacerdote que a nombre de todos suplica: “Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días”, y profundizó que el intercambio del gesto de paz en el rito romano es porque “no es posible comunicar el único pan que nos hace un solo Cuerpo en Cristo, sin reconocernos pacificados en el amor fraterno”, puesto que  “la paz de Cristo no puede radicarse en un corazón incapaz de vivir la fraternidad y de recomponerla tras haberla herido”.

“Con el rito de la paz – dijo – se expresa la unión y el amor mutuo antes de acercarnos al Sacramento. Después tiene lugar la fracción del Pan. Es el gesto que Jesús realizó en la Última Cena y que permitió a los discípulos reconocerlo después de la Resurrección, como en Emaús. La fracción del Pan está acompañada por la invocación del “Cordero de Dios”, que es la imagen bíblica usada por Juan el Bautista para identificar a Jesús como Aquél que quita el pecado del mundo. En el Pan eucarístico, que se parte para la vida del mundo, reconocemos al verdadero Cordero de Dios, que es Cristo, y le suplicamos: “Ten piedad de nosotros…y danos la paz”.

No olvidar la gran oración de Jesús

El Romano Pontífice concluyó la catequesis en italiano señalando que las invocaciones «Ten piedad de nosotros», «dónanos la paz», nos ayudan a disponer nuestro ánimo para participar en el banquete eucarístico,  e invitó a no olvidar “la gran oración” que nos enseñó Jesús, es decir, la oración con la que Él rezaba al padre. “Esta oración nos prepara a la comunión”, dijo, e invitó a todos los presentes a concluir rezando cada uno en su idioma el Padre nuestro.
Fuente: http://Vatican News