MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2018

«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo[2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos[3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero[4].

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos[5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?[6]

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»[7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 1 de noviembre de 2017
Solemnidad de Todos los Santos

Francisco 

https://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/lent/documents/papa-francesco_20171101_messaggio-quaresima2018.html

Movimientos sacerdotales en la Diócesis de Limón

Cambios de Sacerdotes en nuestra Diócesis de Limón.

El pasado 20 de enero del presente año, al concluir el retiro espiritual del equipo sacerdotal de la Diócesis de Limón, Monseñor Javier Román Arias informo a los curas, y a la vez hizo públicos los movimientos sacerdotales que empezaran a regir a partir del mes de febrero.

A continuación compartimos la lista oficial:

 

Pbro. Yunier Calderón Loaiza        Encargado del Ctro de Animación Pastoral S. Isidro Labrador- Campo 2 Cariari

 

Vicarios Parroquiales

Pbro. Alexander Oviedo Marín        Parroquia Sagrado Corazón de Jesús- Catedral

Pbro. Rogelio Villalobos V.               Parroquia Sagrado Corazón de Jesús- Guapiles

Pbro. Felix Fuentes                            Parroquia Inmaculada Concepción de María- Cariari

Pbro. Adalberto Dorati Monge        Parroquia Patriarca San José- Siquirres

Pbro. Marvin Masís Gamboa           Parroquia Inmaculada Concepción de María- Guácimo

Pbro. Armando Rodríguez Sandí    Parroquia San Vicente de Paúl- Valle La Estrella

Pbro. Hector Hidalgo Jimenez        Parroquia San Daniel Comboni- Cieneguita

 

Diáconos:

Diácono Juan Carlos Alvarez V.      Parroquia Sagrado Corazón de Jesús- Catedral

Diácono Armando Campos Ch.       Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe- Bataan

Diácono Ronny Sequeira M.            Parroquia San Antonio de Padua- Bribri

 

Otros Servicios:

Encargado de Pastoral Juvenil           Pbro. Luis Alberto Aguilar 

Encargado de Pastoral Vocacional    Diácono Juan Carlos Alvarez V.

Encargado de Pastoral Sacerdotal    Pbro. Carlos Lozano Loaiza

Encargado de Seminaristas                Pbro. Wilberth Aragón

Encargado de Pastoral Social             Pbro. Adalberto Dorati Monge

Capellán Hospital Tonny Facio         Pbro. Hector Hidalgo Jimenez

 

Seminaristas de Limón al servicio misionero.

Agustinos se encomiendan a Santa Rita de Casia

Galería: Ordenación Presbiteral de Adalberto Dorati

Galería: Misa Vocacional Diócesis de Limón 2017

La Iglesia es familia unida en el amor

Compartimos la homilía de la Misa Crismal de nuestra Diócesis de Limón, celebrada este lunes 10 de abril en la Catedral de Limón por Monseñor Javier Román Arias.

 

La Iglesia es familia unida en el amor
Homilía en la Misa Crismal, Lunes Santo, 10 de abril, 2017, Catedral de Limón

Muy queridos hermanos

Representa para mí como obispo una alegría inmensa encontrarme una vez más para celebrar juntos esta Santa Misa Crismal. Saludo con afecto a mis queridos hermanos sacerdotes, diácono, religiosas, seminaristas y laicos que nos acompañan aquí en la casa de todos, nuestro templo catedral, y a quienes a través de Radio Nueva y Radio Casino nos escuchan desde sus casas o trabajos. 

Esta Semana Santa ha dado inicio ayer con el Domingo de Ramos. Se trata de un tiempo fuerte para la Iglesia en que hemos de procurar un crecimiento espiritual que nos impulse hacia nuevos caminos dentro de la misión evangelizadora que compartimos.

Con la mirada puesta en la Resurrección del Señor, nos adentramos en los misterios de la fe, seguros de que Aquel que ha muerto en la cruz por amor, está aquí y ahora en medio de nosotros, animando y fortaleciendo nuestro compromiso como Iglesia.

La Iglesia vive por el amor, como una familia que se nutre del amor de sus miembros, así la Iglesia, con Cristo como cabeza, se vivifica en la caridad, en el encuentro, en la celebración fraterna y las obras de misericordia.

Me gusta mucho esta imagen de la Iglesia como la gran familia del amor de Dios. En una familia nadie sobra, por el contrario, todos somos importantes y necesarios. En una familia la alegría de uno es alegría de todos, y los problemas de uno son los problemas de todos.

La familia se apoya y empuja, fundamenta sus decisiones en el diálogo fraterno, camina unida y cuando alguien cae no le abandona, sino que se corre en su auxilio para que se levante y siga adelante.

 Así somos, así debemos de ser y de actuar como Iglesia. Como una familia que antepone el bien de todos al bien particular, como una familia que comparte intereses, que crece en número y en madurez, que vive la fe y la comparte con todos.

Los sacerdotes somos parte de esta familia. Ustedes que nos acompañan este día son nuestra familia, en medio de ustedes nos sentimos acogidos y acompañados, apoyados y fortalecidos para seguir adelante con alegría y esperanza, dando lo mejor de cada uno aún en medio de nuestras muchas debilidades y pecados.

El obispo, como padre, está llamado a marcar el camino, a orientar y a tomar decisiones, a veces fuertes y dolorosas, para el bien de su familia. El obispo es el primer servidor de todos y probablemente el más urgido de sus oraciones. No es un dictador, ni una persona que no escucha razones. Si supieran cuanto duele a veces tener que decidir sobre situaciones difíciles que requieren una respuesta firme…

En estos años al frente de esta amada diócesis he podido compenetrarme con el ser y el quehacer limonense. Soy uno entre ustedes, por mis venas corre el verde de Talamanca y el verde azulado de nuestro Mar Caribe. Me alegro con la sonrisa de nuestros niños, el calipso y un buen rondón.

Doy gracias a Dios todos los días por tenerme aquí, y por tenerlos a cada uno de ustedes a mi lado. Por contar con sacerdotes tan entregados y serviciales, por el ejército de agentes de pastoral que animan la evangelización todos los días, por tener familias tan comprometidas con la Iglesia y personas que nos apoyan y ayudan en todos nuestros planes y proyectos. 

La Diócesis de Limón navega en medio de las tormentas que el mundo de hoy nos presenta segura porque sabe que su timón lo lleva Cristo. Él se encarga de que lleguemos a buen puerto, de que se multiplique el número de quienes le aman y le siguen de todo corazón. Nosotros solo somos herramientas en sus manos, inútiles siervos de quienes Él se vale para llevar adelante su obra de amor y redención.

Unidos a Cristo sacerdote

Con esta conciencia celebramos hoy esta Misa Crismal, que tiene y manifiesta un profundo significado centrado en el sacerdocio. Se refiere tanto al sacerdocio común que todos los fieles disfrutamos desde la unción bautismal, como, sobre todo, al sacerdocio ministerial de Jesucristo del que participamos quienes, por una misteriosa elección divina, hemos recibido el Sacramento del Orden.

Por tanto, la principal actitud que hoy nos conviene a todos es la voluntad de unirnos a Cristo sacerdote, hecho oblación agradable al Padre, que se ofreció de una vez para siempre como sacrificio de perfecta obediencia para la redención de la humanidad entera, por eso antes de iniciar el Triduo Sacro, la Iglesia quiere que nos reunamos como familia para agradecer también al Señor el don de su sacerdocio y la tarea de nuestra dedicación y entrega al ministerio, ¿cómo? Renovando las promesan ante el obispo y bendiciendo los oleos y consagrado el Crisma.

 Hemos escuchado que la Oración Colecta nos pide a cada uno de los consagrados, que seamos en el mundo testigos de la obra redentora de Cristo. Este testimonio empieza por nosotros, queridos sacerdotes y seminaristas, es un llamado a vivir la fraternidad sacerdotal, tal y como nos exhorta el Concilio Vaticano II, cuando afirma en uno de sus documentos sobre el sacerdocio que “los presbíteros estén unidos con sus hermanos por el vínculo de la caridad, de la oración y de una cooperación que abrace y comprenda todo” (Presbyterorum ordinis , 8).

San Juan Pablo II decía a un grupo de sacerdotes y seminaristas que “el genuino espíritu fraterno les llevará felizmente a atender con solicitud ejemplar a sus hermanos sacerdotes cuando estén afligidos por la enfermedad, por la pobreza extrema o por la soledad, cargados con las labores excesivas o cuando el peso de los años haga más fatigoso el trabajo apostólico…”

Pedía además una particular atención a las situaciones de un cierto desfallecimiento de los ideales sacerdotales o la dedicación a actividades que no concuerden íntegramente con lo que es propio de un ministro de Jesucristo. Es entonces, recordaba el Santo Padre, “el momento de brindar, junto con el calor de la fraternidad, la actitud firme del hermano que ayuda a su hermano a sostenerse en pie”.

Dar testimonio de amor y santidad

Ahora bien, si la redención fue la expresión máxima del amor de Dios al hombre, hecha perceptible en Jesucristo, quienes estamos vinculados por el sacerdocio a la misión salvífica del Mesías, deberemos procurar, también y principalmente, vivir y testimoniar el amor de Dios a los hombres. 

Y el amor se manifiesta con amor. Dicho de otro modo: testimoniar o manifestar con la vida el amor que Dios nos tiene es misión que comporta, simultáneamente, narrar con palabras la gran gesta del Señor, y mostrar fehacientemente a la vez que nosotros estamos amando al prójimo. Para ello tendrá que ser ese amor, al estilo divino, el que rija, día ,ese es al amor que deben experimentar quienes se acercan a nosotros en cada una de nuestras parroquias.

Sin amor no se proclama el amor; y sin amor, no se siembra el amor. Por tanto, sin amar a Dios, que es el principio y la fuente de todo amor verdadero, no puede vibrar en nosotros el amor al prójimo; y si no brilla en nosotros el amor al prójimo, no estamos en condiciones de participar en la excelsa misión que Jesucristo recibió del Padre: salvar el mundo por amor.

Estamos llamados a ser agradecidos con Jesucristo que nos ha hecho partícipes de su misma unción y misión, por eso unámonos en una plegaria sincera para que Dios nos ayude “a ser en el mundo testigos fieles de la redención que ofrece a todos los hombres”.

Nos ilumina muy bien la Primera Lectura de Isaías y el Evangelio. El profeta anuncia su vocación, que consiste en un Don de Dios y que designa como una unción. Esta vocación está en función de los más afligidos de Sion, pues cunde entre ellos el desánimo porque no llega la restauración prometida. El consuelo consiste en decirles que el tiempo del gran cambio va llegar, y será entonces cuando verán la benevolencia de Dios.

Es una llamada a la alegría, porque el que lo hace tiene la firme confianza en que Dios apresura ese tiempo de salvación y eso en tan cierto como el crecimiento de la hierba en el campo, o como el ir y venir de las mareas del mar.

Podemos preguntarnos, ¿y cómo ser testigos hoy? Con una vida santa, siendo sacerdotes santos, reconociendo que podemos fallar, pero que tenemos que vencer el pecado y luchar cada día por acercarnos más a la fuerza que viene de Dios, para poder ser dignos comunicadores de su mensaje de vida y salvación. 

Se nos pide que perseveremos en la vocación que hemos recibido como un don, y que llevemos a cabo la tarea en que estamos empeñados. Miremos siempre la misión que nos ha sido confiada, soñemos con ella y hagamos de su cumplimiento la razón de ser de nuestras vidas. Esta conciencia alejará cualquier pensamiento que nos distraiga de cumplir aquello por lo cual hemos sido consagrados.

Los óleos y el crisma

En esta Misa se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. La palabra Crisma proviene del latín chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que consagraré más adelante.

Con esos óleos serán ungidos los nuevos bautizados y se signará a los que reciben el sacramento de la Confirmación. También son ungidos los obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental. Así pues, el Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los sacerdotes y obispos.

Con el óleo de los catecúmenos se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo.

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús.

Esta consagración que vamos a realizar incumbe especialmente a ustedes queridos hermanos y hermanas, fieles laicos, porque ustedes son signo material de la identidad y de la misión cristiana.

Recalco identidad y misión, porque les toca todos los días enfrenarse a un mundo paganizado, igual que tiempos de Cristo, y necesitamos de su fuerza para hacerle frente.

La forma de vida anticristiana y anti humana están arrasando con todo. La vida no vale para muchos. Aquí mismo en Limón en muchos de nuestros barrios hemos perdido la paz. Cuántas familias lloran la pérdida de un ser querido… Recordamos con dolor las imágenes que nos llegaban hace unos días desde Siria y Egipto. Niños inocentes que mueren del modo más cruel que se pueda imaginar. Todo esto refleja la acción del mal y tiene que hacernos crecer en la convicción de que el cristiano está llamado a transformar el mundo.

Muchas veces nos dejamos llevar por el dinero, el poder, las modas, el mundo se aleja de Dios, se quiere quitar a Dios de todo, se va perdiendo el valor de la familia… , de la vida esa es la realidad que hoy nos toca y no podemos desanimarnos.

Debemos más bien salir, como dice el Papa Francisco, que nos lanza a una Iglesia en salida, confiando en Dios y no en nuestras falsas seguridades. El Santo Padre nos invita a ir a las periferias geográficas y existenciales para llegar a tener una presencia misionera en los territorios vacíos de la presencia eclesial. Debemos llegar con la Palabra y el Amor de Dios, con la ayuda efectiva de la caridad hacia los más pobres, los marginados, los que no cuentan para nadie. 

Me alegra saber que muchos como agentes de pastoral ya están trabajando generosamente en ello, se los agradezco de corazón y les pido hagan lo posible por sumar a otros, hay espacio para todos en esta Iglesia en salida.

Conclusión

Para finalizar expreso mi gratitud y aliento a ustedes mis hermanos sacerdotes que en seguida van a renovar las promesas sacerdotales. Escuchen bien lo que la Iglesia les propone en esas dos preguntas que debo formularles, y que se resumen en fidelidad y entrega. Piénsenlo mientras responden “Sí quiero” y que esa respuesta sea un deliberado acto de amor a Cristo y a la Iglesia.

Yo agregaría algo más a ese “Sí quiero”, y es el deseo de vivir sinceramente lo que implican la unidad de la Iglesia y la fraternidad sacerdotal. Que seamos capaces de afirmar hoy nuestro deseo de liberarnos de toda ambición y de todo rencor, de la murmuración y los chismes, que son el terrorismo de la Palabra, como nos lo enseña el Papa, y reiteremos la convicción de querer vivir en la verdad de la pureza, en la castidad del celibato, entregados por completo a hacer presente a Cristo en medio del mundo, acrecentando la oración para ser un auténtico padre espiritual para los fieles.

Y a ustedes queridos hermanos y hermanas. Por favor únanse a todas estas intenciones por medio de su oración. Ustedes nos ayudan a ser santos con sus sacrificios y ejemplo. No dejen de pedir a Dios por cada uno de nosotros. Que el Señor nos ayude a todos a vivir estos días con mucha fe y devoción.

†Mons. Javier Román Arias
Obispo de Limón

TALAMANCA, REALIDAD QUE NADIE VE.

Las vivencias de 5 días en Alta Talamanca

Si como cristianos estamos llamados a anunciar a Cristo, con más razón al anunciarlo tenemos que vivirlo, y es que ante las injusticias y dolor que pasan los demás no podríamos ni tendríamos que callarnos, porque ser Cristiano también nos involucra a vivir la misericordia de Dios con quienes más lo necesitan.

Momento del arribo a Piedra Mesa

No resulta fácil iniciar dando una perspectiva personal de cristianismo, que para cualquiera podría no ser más que un simple juego de palabras, y no está mal que se pueda tener esa perspectiva cuando hablo de modo personal.

Quise iniciar este artículo de esta manera, ya que me duele el corazón de ver tanta injusticia, me duele más de lo que me puede aún doler el 90% de mi cuerpo, y no es para menos después de contar aproximadamente 30 horas caminando entre montaña en 5 días. Quise iniciar así para describir y contar lo que viven miles de indígenas en lo más alto de las montañas de Talamanca todos los días, y que nosotros compartimos por un corto periodo.

Realidades de un primer día.

Pintaba un bello día, todo estaba listo para que un grupo de 10 personas, entre ellos religiosas, sacerdotes, periodistas y este humilde servidor, y liderados por nuestro obispo diocesano, nos internáramos en lo más alto de las montañas de Talamanca, un helicóptero nos llevaría hasta el lugar donde esta misión daría inicio, tardaron alrededor de 20 minutos sobrevolando hacia la parte más alta para llegar a una comunidad llamada Piedra Mesa, un pueblo oculto entre lo más denso y espeso del bosque tropical, un lugar verde y tranquilo, pero lleno de vida, sueños y esperanzas.

La esperanza de decenas de indígenas

Decenas de personas de todas las edades corrían a ayudar a cargar nuestras cosas cada vez que el helicóptero tocaba suelo, y es que con cada aterrizaje, aterrizaba la esperanza de nuestros hermanos indígenas. A lo lejos y en todo momento se veían salir del bosque más personas que se acercaban a nosotros para saludarnos y mostrar, con aquellos rostros cansados, la felicidad que a ellos les embargaba nuestra presencia.

Marcaba el reloj las 2 de la tarde, cuando Mons. Javier Román junto al Pbro. Marvin Robles (párroco de Amubri) y al Pbro. Rolando Gutiérrez (sacerdote Vicentino), dieron inicia a la Santa Eucaristía la cual incluía bautizos a más de 20 personas entre niños y adultos. En el marco de la fiesta de San José, padre adoptivo de Jesús, monseñor resaltaba en su homilía la importancia de reconocer la presencia de Dios en la vida, “tanto como iluminó a San José para acompañar a Jesús y a María, Dios ilumina a cada uno para afrontar las situaciones difíciles, el camina con nosotros”  

 Mons. Román instaba a que “hay que abrir el corazón y prestar oído a lo que Dios quiere decirnos”, así como también pedía a los papás “ser responsables con sus esposas y cuidar de sus hijos, a ser padres los cuales los hijos puedan amar en todo momento”. 

Una vez concluida la Misa y los bautizos a una veintena de personas, entre ellas niños y adultos, procedimos a repartir algunas de las cosas que cargábamos para nuestros hermanos. Al salir de Limón, parecía que lo que llevábamos era mucho, pero al encontrarnos con las realidades, estas cosas se volvieron pocas. 

Largas eran las filas de hombres y mujeres esperando por una bolsa de víveres que incluían algunas bolsas de arroz, frijoles, café, pasta y otros productos que no alcanzan para alimentar a una familia siquiera en 2 días, por otro lado veíamos rostros de felicidad de niños hambrientos saboreando un jugo y unas pocas galletas, no en vano les digo que son niños hambrientos, es la realidad que se puede percibir.

 Y es que las realidades son tantas y tan duras, estos niños a pesar de pasar hambre, caminar horas en medio de la selva para asistir a la escuela, nunca dejan de regalar una sonrisa de agradecimiento.

Por otro sector, había otra larga fila, y al frente de esta, sentado en una esquina se encontraba don Danilo, un hombre oriundo de Bambú (Amubri), quien se ha dado a la tarea de inscribir ante el registro (TSE) a estos habitantes de estos pueblos olvidados, las filas no cesaban, y es que desde los más pequeños, hasta las personas más mayores seguían a la espera de ser inscritos para poder vivir en una “sociedad” que pueda contarlos como personas, ya que al no estar inscritos es como que si no existieran para el sistema. 

Esta es una de las cosas que más me han marcado, en el país más feliz del mundo, donde cada cierto tiempo se han realizado censos de personas, viviendas y más, es ahí donde me pregunto ¿a cuántos hermanos no estamos contando como parte de la sociedad costarricense?

En nuestra Costa Rica en los últimos años hemos adoptado tantas doctrinas de “luchas” por conseguir igualdades e inclusiones, protestas nos llevan a cerrar vías exigiendo cambios y defendiendo hasta beneficios de unos cuantos, pero nunca nos hemos detenido a pensar en estos hermanos nuestros. Ahí no existen las noticias ni las novelas diarias, no hay luchas entre taxistas, no hay pleitos por igualdades ni minorías, ni siquiera los partidos de la sele son importantes, y me atrevería a decir que ni siquiera saben que es “la platina”, cuando algunos de los puentes que utilizan para cruzar ríos no son más que 3 troncos atados a enormes rocas a unos cuantos metros de altura, que ponen en peligro la vida misma.

Las horas dentro de la montaña es como si no pasaran, ya que para muchos indígenas lo único que ocupan ver es el momento en que amanece para iniciar la búsqueda de alimento para sus familias y cuidar las pocas cosechas que poseen, y cuando la tarde empieza a caer para buscar un lugar, ya que muchos simplemente pasan la noche donde esta los reciba, aguantando frío, hambre, las injerencias del clima y hasta peligrando el ataque de algún animal silvestre.

Y así fue también nuestra primera noche en Piedra Mesa, intentar dormir mientras escuchábamos el llanto friolento de los niños que yacían colgados en las espaldas de sus madres, mientras estas se acurrucaban en una banca de tablas protegiéndose con una cobija.

El despertar de un segundo día

No marcaba siquiera el reloj las 6 de la mañana, cuando sabíamos que ahí estábamos por una misión, el dar a conocer a Jesucristo a través del amor, y el brindar amor y esperanza a este pueblo. Divididos empezamos nuestra primera travesía; el padre Marvin junto a la Hermana Sonia les correspondía subir la montaña para llegar a la comunidad de Piedra Mesa arriba, por su parte Mons. Javier junto a Laura Ávila y Martín Rodríguez (periodistas del Eco Católico), visitarían los poblados de Naranjal y Butubata, mientras tanto, a mí me correspondería acompañar al Padre Rolando al pueblo más lejano llamado Guayabal.

 Bastó caminar cerca de 3 horas para llegar al poblado, una humilde choza donde habitaba una pareja de ancianos, sin paredes que los protegiera ni piso que los sostuviera, con unos trozos de leña a mitad de esta formando un fogón, un par de camas hechas de caña y unos cuantos trastes, con perros, gallinas y cerdos que andan a la libre por toda la casa, este par de señores llaman a ese pequeño lugar su hogar, ahí nos instalamos y minutos después el padre celebraría la santa eucaristía y dar el sacramento del bautismo a 3 niños del lugar. 

El padre Rolando inició la misa con paciencia, enseñando a los lugareños a persignarse, una humilde mesa hecha de tablones y a pocos centímetros del sueño, sirvió de altar para la consagración del cuerpo y la sangre de Cristo. El padre en su homilía “pedía perdón, perdón a nombre de la iglesia, perdón por las veces en que la iglesia no ha venido a acompañarles”.

“En el corazón de la iglesia y a nombre del obispo y el párroco de Amubri, seguiremos buscando apoyo por parte del gobierno para brindarles mejores condiciones de vida” citaba el padre mientras un señor de nombre Eliot traducía al cabécar (lengua oficial de estas comunidades).

 Al finalizar la misa y los bautizos, nos dispusimos a repartir unas botas, galletitas, dulces, hamacas y cobijas que llevábamos para los lugareños, era poco, muy poco para la enorme necesidad en la que viven, pero la nobleza y rostros de agradecimiento no podían ocultar la alegría que les daba recibir tan mínimo detalle, mismo rostro del anciano dueño de aquella vivienda, imagen que aún guardo en mi memoria y será imposible olvidar cuando casi con lágrimas en los ojos preguntó ¿para mí?, mientras le entregaba un par de botas.

Casa en Guayabal

Pero, ¿qué es un simple par de botas para nosotros?, a veces nos avergonzamos y quejamos de lo mucho que tenemos, queriendo más, y para ellos un par de botas es un regalo preciado, la sencillez y agradecimiento de un pueblo en abandono, nos hace volver la mirada hacia nosotros mismos y reflexionar.

Al ir saliendo del lugar para regresarnos a Piedra Mesa, una señora se nos acercó pidiendo al padre que se le bautizara a sus hijos, era sumamente difícil puesto que ya íbamos, sin imaginarnos siquiera que un par de horas después, la misma señora caminaría kilómetros para llegar a bautizar a sus 3 pequeños, en un humilde acto de cercanía con el señor, el padre Marvin les bautizó.

La resistencia del tercer día

 Apenas iluminados por los primeros rayos de sol, nos preparábamos para abandonar Piedra Mesa, sabíamos que el camino era largo, pero jamás imaginamos las dificultades que teníamos que pasar para llegar, soportando lluvia y sol, cruzando ríos, subiendo y bajando montañas por sectores que eran casi imposible poner un pie, y sufriendo hasta caídas fuertes, logramos llegar 13 horas después hasta Bajo Bley a eso de las 7:25 de la noche, agotados y con dolor en todo el cuerpo, las hermanas de la Caridad de Calcuta nos recibían con un fresco, galletas y una sencilla pero deliciosa sopa, y así disponernos para descansar.

Jueves de misericordia

Desde temprano y con nuestros cuerpos casi inmóviles del dolor, iniciamos el día, un grupo de niños fueron acercándose poco a poco y cargando flores, mismas que adornarían el albergue donde se celebraría la Santa Eucaristía y bautizos al medio día, mientras en la parte externa, al calor del fogón, las hermanas de la caridad preparaban un delicioso almuerzo para todos los asistentes a la misa.

Durante la celebración de la misa, el padre Marvin tomaba las palabras de Jesús cuando decía “un reino dividido se iba a la ruina, si ustedes se dividen pueden irse también a la ruina… Cuando bajábamos de Piedra Mesa nos apoyábamos entre nosotros, ustedes también tienen que apoyarse entre sí y darse fuerza para seguir en la lucha”.

Al finalizar la eucaristía y los bautizos a una veintena de niños, nos dispusimos a colaborar en la repartición de platos de comida, aquellos platos sencillos y rebosantes, complementados con arroz, frijoles, yuca y plátano, pero preparado con un amor inmenso, se convirtió para todos en un completo manjar, la felicidad no podía ser menos, si es que el mismo amor con el que nos acercábamos a ellos, los indígenas se acercaban a nosotros regalándonos plátanos, caña y otros productos sencillos pero con un valor incalculable.

El amor de Dios y su misericordia era lo que reflejaban los rostros de cada uno de los habitantes de estas montañas, quien podría creer que en lo más adentro de la cordillera de Talamanca existen pueblos llenos de decenas de personas que claman a gritos por ayuda, que claman por mejores condiciones de vida dignas de cualquier ser humano, lugares donde no hay regulación de agua potable, menos abastecimientos de electricidad, pueblos donde los lugareños caminan hasta dos días para llegar a lo que mal llamamos “civilización” para poder adquirir productos de la canasta básica.

A la salida

A tempranas horas del viernes había que partir, sería otra caminata de aproximadamente 9 horas para salir de la montaña, iniciando por cruzar el río Telire casi al cuello, y no era para menos, ya que durante toda la noche la lluvia nos acompañó, pero nos íbamos y los lugareños nos despedían, esperanzados en que volveremos, con el corazón satisfecho por la misión realizada, pero a la vez roto al ver la miseria en que viven estos pueblos.

 Estos hermanos nos dan una lección de lucha constante, una muestra de amor. Comúnmente nos resulta tan fácil quejarnos de lo que poseemos, pero somos tan mal agradecidos a veces, tenemos un hogar, cuatro paredes bien cubiertas, camas con colchones y sábanas limpias, mientras cientos de niños, jóvenes, adultos y ancianos mueren de frío y soledad en un territorio que nadie imagina que pueda ser habitado por personas como nosotros, pasando día tras día las peores condiciones que alguien pueda imaginar. Nos convertimos en esclavos de lo que poseemos, y no imaginamos que muchos pasan hambre mientras desperdiciamos comida y perdemos el tiempo frente al televisor o el celular.

A este pequeño sector de la sociedad, un sector enviado al exilio y al cual deberíamos agradecer tanto por lo que hoy somos, cada vez los hundimos más y condenamos al olvido. 

Es hora de ponernos la mano en el corazón y actuar, las comunidades indígenas nos necesitan, necesitan de nosotros como nación, necesitan de la unidad de un pueblo, las comunidades más alejadas hoy claman a gritos que las autoridades pertinentes recuerden que ellos también cuentan y que son parte de esta pequeña gran nación.

Logramos salir de las montañas de Talamanca viviendo la experiencia y viendo la realidad de nuestros hermanos, la misión finalizó, pero el trabajo apenas empieza, los indígenas nos necesitan y esta es la realidad que nadie ve.

Gustavo Lozano L.

Radio Nueva Diócesis de Limón.

NUEVO OBISPO PARA COSTA RICA

Diócesis de Cartago con nuevo pastor.

La madrugada de este sábado 04 de marzo del 2017 (hora costarricense), su santidad el Papa Francisco nombró al Pbro. Mario Enrique Quirós Quirós como segundo obispo para la Diócesis de Cartago, este llega en sucesión de Monseñor José Francisco Ulloa Rojas, quien después de 22 años de episcopado, en octubre de 2015 presentó la renuncia a su ministerio al cumplir los 75 años de edad tal como lo establece Código de Derecho Canónico.

Pero, ¿quién es el Padre Mario Quirós?, a continuación compartimos su biografía:

  • El Pbro. Mario Enrique Quirós Quirós nació el 19 enero de 1967 en Cartago, Costa Rica. Hijo de Noé Quirós Solano (q.d.p) y Emma Luisa Quirós Coto.
  • Su Parroquia de origen: Nuestra Señora de la Limpia Concepción del Rescate de Ujarrás, Paraíso de Cartago.
  • Realizó los estudios de Primaria en la Escuela Eugenio Corrales Bianchini; la Secundaria en Liceo de Paraíso; hizo el Curso de Humanidades en la Universidad de Costa Rica.
  • El ahora obispo designado de Cartago ingresó al Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles en Costa Rica, al Curso Introductorio en 1988, realizando posteriormente los estudios filosóficos y teológicos. El 8 de diciembre de 1994 fue ordenado presbítero por la Arquidiócesis de San José.
  • Se ha desempeñado como Vicario Parroquial en la Parroquia San Isidro de Barbacoas en Puriscal (1995), Vicario Parroquial Nuestra Señora de El Carmen en Cartago (1996-1998). Fue Formador y Director Espiritual en el Curso Introductorio (1998-1999).
  • Obtuvo su Licenciatura en Formación Sacerdotal por la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín, Colombia a través del I.T.E.P.A.L. – C.E.L.A.M (2000-2001), Formador y Director Espiritual en Curso Introductorio (2001- 2006), Formador, Director Espiritual y Profesor de Teología Dogmática en el Seminario Nacional Nuestra Señora de Los Ángeles (2007-2013), Doctorando en Teología Dogmática por la Universidad Pontificia de Salamanca, España desde el 2013 y residiendo en la Parroquia Sancti Spiritus en Salamanca.
  • El 04 de Marzo de 2017, al medio día (hora de Roma), fue electo por el Papa Francisco como II obispo para la Diócesis de Cartago, y será ordenado el próximo 13 de mayo en la fiesta del centenario de la Aparición de la Virgen de Fátima en la Catedral de Cartago.