Iglesia recomienda que los cuerpos sean sepultados en cementerios o lugares sagrados

“Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario «dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor»(2 Co 5, 8).”

Adjuntamos el documento original Ad resurgendum cum Christo, emitido por la Santa Sede este 25 de octubre, y en referencia a la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación.

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CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

Instrucción Ad resurgendum cum Christo
acerca de la sepultura de los difuntos
y la conservación de las cenizas en caso de cremación

1. Para resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo, es necesario «dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor»(2 Co 5, 8). Con la Instrucción Piam et constantem del 5 de julio de 1963, el entonces Santo Oficio, estableció que «la Iglesia aconseja vivamente la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos», pero agregó que la cremación no es «contraria a ninguna verdad natural o sobrenatural» y que no se les negaran los sacramentos y los funerales a los que habían solicitado ser cremados, siempre que esta opción no obedezca a la «negación de los dogmas cristianos o por odio contra la religión católica y la Iglesia»[1]. Este cambio de la disciplina eclesiástica ha sido incorporado en el Código de Derecho Canónico (1983) y en el Código de Cánones de las Iglesias Orientales (1990).

Mientras tanto, la práctica de la cremación se ha difundido notablemente en muchos países, pero al mismo tiempo también se han propagado nuevas ideas en desacuerdo con la fe de la Iglesia. Después de haber debidamente escuchado a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y muchas Conferencias Episcopales y Sínodos de los Obispos de las Iglesias Orientales, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha considerado conveniente la publicación de una nueva Instrucción, con el fin de reafirmar las razones doctrinales y pastorales para la preferencia de la sepultura de los cuerpos y de emanar normas relativas a la conservación de las cenizas en el caso de la cremación.

2. La resurrección de Jesús es la verdad culminante de la fe cristiana, predicada como una parte esencial del Misterio pascual desde los orígenes del cristianismo: «Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce» (1 Co 15,3-5).

Por su muerte y resurrección, Cristo nos libera del pecado y nos da acceso a una nueva vida: «a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos… también nosotros vivamos una nueva vida» (Rm 6,4). Además, el Cristo resucitado es principio y fuente de nuestra resurrección futura: «Cristo resucitó de entre los muertos, como primicia de los que durmieron… del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo» (1 Co 15, 20-22).

Si es verdad que Cristo nos resucitará en el último día, también lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En el Bautismo, de hecho, hemos sido sumergidos en la muerte y resurrección de Cristo y asimilados sacramentalmente a él: «Sepultados con él en el bautismo, con él habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos»(Col2, 12). Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. Ef 2, 6).

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La visión cristiana de la muerte se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia: «La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma: y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo»[2]. Por la muerte, el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo con nuestra alma. También en nuestros días, la Iglesia está llamada a anunciar la fe en la resurrección: «La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella»[3].

3. Siguiendo la antiquísima tradición cristiana, la Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados[4].

En la memoria de la muerte, sepultura y resurrección del Señor, misterio a la luz del cual se manifiesta el sentido cristiano de la muerte[5], la inhumación es en primer lugar la forma más adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal[6].

La Iglesia, como madre acompaña al cristiano durante su peregrinación terrena, ofrece al Padre, en Cristo, el hijo de su gracia, y entregará sus restos mortales a la tierra con la esperanza de que resucitará en la gloria[7].

Enterrando los cuerpos de los fieles difuntos, la Iglesia confirma su fe en la resurrección de la carne[8], y pone de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona con la cual el cuerpo comparte la historia[9]. No puede permitir, por lo tanto, actitudes y rituales que impliquen conceptos erróneos de la muerte, considerada como anulación definitiva de la persona, o como momento de fusión con la Madre naturaleza o con el universo, o como una etapa en el proceso de re-encarnación, o como la liberación definitiva de la “prisión” del cuerpo.

Además, la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados responde adecuadamente a la compasión y el respeto debido a los cuerpos de los fieles difuntos, que mediante el Bautismo se han convertido en templo del Espíritu Santo y de los cuales, «como herramientas y vasos, se ha servido piadosamente el Espíritu para llevar a cabo muchas obras buenas»[10].

Tobías el justo es elogiado por los méritos adquiridos ante Dios por haber sepultado a los muertos[11], y la Iglesia considera la sepultura de los muertos como una obra de misericordia corporal[12].

Por último, la sepultura de los cuerpos de los fieles difuntos en los cementerios u otros lugares sagrados favorece el recuerdo y la oración por los difuntos por parte de los familiares y de toda la comunidad cristiana, y la veneración de los mártires y santos.

Mediante la sepultura de los cuerpos en los cementerios, en las iglesias o en las áreas a ellos dedicadas, la tradición cristiana ha custodiado la comunión entre los vivos y los muertos, y se ha opuesto a la tendencia a ocultar o privatizar el evento de la muerte y el significado que tiene para los cristianos.

4. Cuando razones de tipo higiénicas, económicas o sociales lleven a optar por la cremación, ésta no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo y por lo tanto no contiene la negación objetiva de la doctrina cristiana sobre la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo[13].

La Iglesia sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, porque con ella se demuestra un mayor aprecio por los difuntos; sin embargo, la cremación no está prohibida, «a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana»[14].

En ausencia de razones contrarias a la doctrina cristiana, la Iglesia, después de la celebración de las exequias, acompaña la cremación con especiales indicaciones litúrgicas y pastorales, teniendo un cuidado particular para evitar cualquier tipo de escándalo o indiferencia religiosa.

5. Si por razones legítimas se opta por la cremación del cadáver, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin por la autoridad eclesiástica competente.

Desde el principio, los cristianos han deseado que sus difuntos fueran objeto de oraciones y recuerdo de parte de la comunidad cristiana. Sus tumbas se convirtieron en lugares de oración, recuerdo y reflexión. Los fieles difuntos son parte de la Iglesia, que cree en la comunión «de los que peregrinan en la tierra, de los que se purifican después de muertos y de los que gozan de la bienaventuranza celeste, y que todos se unen en una sola Iglesia»[15].

La conservación de las cenizas en un lugar sagrado puede ayudar a reducir el riesgo de sustraer a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana. Así, además, se evita la posibilidad de olvido, falta de respeto y malos tratos, que pueden sobrevenir sobre todo una vez pasada la primera generación, así como prácticas inconvenientes o supersticiosas.

6. Por las razones mencionadas anteriormente, no está permitida la conservación de las cenizas en el hogar. Sólo en casos de graves y excepcionales circunstancias, dependiendo de las condiciones culturales de carácter local, el Ordinario, de acuerdo con la Conferencia Episcopal o con el Sínodo de los Obispos de las Iglesias Orientales, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar. Las cenizas, sin embargo, no pueden ser divididas entre los diferentes núcleos familiares y se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservación.

7. Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no sea permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos, teniendo en cuenta que para estas formas de proceder no se pueden invocar razones higiénicas, sociales o económicas que pueden motivar la opción de la cremación.

8. En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias, de acuerdo con la norma del derecho[16].

El Sumo Pontífice Francisco, en audiencia concedida al infrascrito Cardenal Prefecto el 18 de marzo de 2016, ha aprobado la presente Instrucción, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación el 2 de marzo de 2016, y ha ordenado su publicación.

Roma, de la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, 15 de agosto de 2016, Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María.

GerhardCard. Müller
Prefecto

+Luis F. Ladaria, S.I.
Arzobispo titular de Thibica
Secretario

Fuente: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20160815_ad-resurgendum-cum-christo_sp.html

San Rafael brilló en La Colonia

Tras varios días de fiesta, y para culminar de la mejor manera, el templo de la comunidad de La Colonia se abarrotó a más no poder para celebrar a su Santo Patrono este 24 de octubre.

Pasadas las 5 de la tarde dio inicio el cierre de las fiestas, en el último día de la novena se llevó a cabo una procesión por la principales calles de la comunidad, animada de música y danza a cargo de la Renovación Carismática Católica de la Parroquia Sagrado Corazón de Guápiles, niños jóvenes y adultos llenaron de vida y color mientras la noche hacía su aparición.

Al ser las 7 de la noche dio inicio la Santa Eucaristía presidida por el Pbro. Wilberth Aragón, recordando el amor de Dios hacia cada uno de nosotros, y la importancia del Arcángel San Rafael, el cual es medicina de Dios y medicina de nuestra alma. Partiendo de la importancia del año santo de la Misericordia, el padre motivaba a los asistentes a amar al prójimo, a ser comprensivos y buenos como Dios lo es con nosotros.

“Perdónense como Dios nos perdona”, decía el padre en su homilía, la cual de manera participativa el pueblo santo de Dios también fue parte de ella, y así fue como se siguió motivando a vivir amándonos unos a otros como Cristo nos ama… “El Señor hace maravillas, y el poder de Dios que sana nuestras enfermedades físicas y también del alma” concluyó el Padre su mensaje a los presentes en la misa de San Rafael.

Una vez concluida la Santa Eucaristía, la fiesta continuó, por que San Rafael estaba de fiesta y la comunidad lo sabía, un mariachi llegó para amenizar y alegrar a los presentes, mientras un grupo de señoras y señores de la tercera edad lucían sus mejores trajes y demostraban que la edad no es límite para alegrar el alma y destacar en el baile las tradiciones del ser costarricense.

Poco tiempo después la fiesta continuaba mientras una cimarrona tocaba y la gente brincaba al ritmo y son de los instrumentos, y como no hay fiesta sin comida, la comunidad unida preparó un pequeño compartir para que todos los presentes se marcharan contentitos y llenitos, y así contar los meses para que en el 2017 se continúe celebrando a su santo patrono; San Rafael.

Radio Nueva, emisora católica de nuestra Diócesis de Limón también fue parte de esta fiesta, e invitamos para que comparta las diferentes fotografías que se han colocado en nuestras redes sociales. https://www.facebook.com/ranueva1140/

 

 

ARCÁNGEL SAN RAFAEL: medicina de Dios, medicina de nuestra alma, ruega por nosotros.

Proyecto Pasión Cariari 2016

Niños, jóvenes y adultos al servicio de la evangelización:

Ni el fuerte sol que imperaba desde tempranas horas de la mañana, ni la lluvia intensa que hizo su aparición poco antes del medio día, y ni el mismo fuerte sol y calor bochornoso que terminó por secar a las decenas de personas que se encontraban en el parque de Cariari, fue impedimento para que el cierre del Proyecto Pasión 2016 fuese catalogado como exitoso.

Niños, jóvenes y adultos se hicieron presentes desde temprano para tener ese encuentro con Cristo, y como muestra de agradecimiento a la labor evangelizadora que se llevó a cabo los días 7, 8 y 9 de octubre en el pueblo de Cariari. Una vez más, y por sexto año consecutivo; la Renovación Carismática Católica de nuestra Diócesis de Limón le dice “SI” a Cristo y se lanza a las calles a proclamar la palabra de aquel que dio su vida por salvarnos.

Todo inició el pasado viernes 7 octubre en horas de la noche, cuando Cariari le dio la bienvenida a decenas de centinelas encargados de llevar la misión evangelizadora a todo el pueblo. Francisco Javier Araya, coordinador de Renovación Juvenil a nivel nacional, impartió una charla motivacional y de esta manera se dieron las instrucciones para dar por iniciado el Proyecto Pasión de este año.

El sábado 8, ya puestos en pie desde las 6:30 de la mañana y después de un desayuno compartido, se dio el recibimiento de Cristo a través de la Santa Eucaristía, presidida por el Pbro. Freddy Hernández, para seguidamente dar paso al traslado y así iniciar con la evangelización casa por casa, culminando en horas de la noche con la exposición del Santísimo y una multitudinaria “Avanzada”, lo cual correspondía en caminar por las principales calles de Cariari, y dar una palabra de vida a quienes transitaban por cada rincón del centro.

Ya para el domingo 9, tal como se tenía preparado, se realizaría el gran cierre, las caras de cansancio eran notorias, pero también se reflejaban los rostros de satisfacción y alegría. El parque de Cariari, a un costado del templo parroquial, iba a ser punto de encuentro de propios y extraños, mientras que en el salón comunal muchos otros catequizaban a niños para que empezaran su camino de encuentro con Jesucristo vivo.

Pasadas las 10 de la mañana, bajo un fuerte sol radiante y un calor incesante, cantantes católicos de nuestra diócesis iniciaron animando a quienes, cada vez más, abarrotaban el parque, mientras otros alababan a través de la danza. A eso del medio día, el cantante nacional Freddy Chavarría salió a escena, mientras un fuerte aguacero empapaba a quienes seguían saltando y adorando a Cristo.

Al ser la 1:30 de la tarde, ya cuando la lluvia había cesado y el calor volvía a aparecer, Monseñor Javier Román Arias iniciaba la santa Eucaristía de cierre del proyecto Pasión, motivando a quienes se pusieron la camiseta y demostraron que somos una iglesia en salida, y así dar el anuncio de que, en 2017, Limón centro será quien reciba a la Renovación Juvenil y su Proyecto Pasión.

Nuevo Sitio Web

Celebramos juntos el lanzamiento de nuestro nuevo sitio web, ahora somos WWW.RADIONUEVA.ORG, la emisora Oficial de la Diócesis de Limón sigue creciendo, y mejoramos para ser el medio preferido del pueblo católico que camina en la Diócesis Caribeña.

¡No más sangre en Limón!

Al Pueblo de Dios

¡No más sangre en Limón!

Todavía conmocionados por los hechos de violencia sucedidos en estos días en nuestra provincia de Limón, elevamos la voz para exigir la paz a la cual tenemos derecho. No es posible que ya no podamos ni compartir en familia porque en cualquier momento una balacera puede acabar con la vida de los seres que amamos.

El pueblo noble y pacífico de Limón necesita respuestas claras, contundentes e integrales para la crisis de seguridad que vive. Es urgente ciertamente una mayor presencia policial, pero también oportunidades de desarrollo, fuentes de empleo, educación y deporte para nuestros niños y jóvenes. No más promesas por favor.

La delincuencia fruto del narcotráfico ha permeado dañinamente no solo a Limón, sino a toda Costa Rica. Hago un llamado en este sentido también a los medios de comunicación: no es justo estigmatizar a una región por un problema que nos afecta a todos como sociedad.

Esa visión global es el primer paso para un abordaje efectivo del problema. Como sociedad debemos plantearnos seriamente el origen de tal nivel de descomposición. Este análisis nos tiene que llevar a determinar que junto a los factores externos ya señalados, hay otros internos igualmente urgentes de atender, como lo son la desintegración familiar, la pérdida de valores y de referentes morales y espirituales.

No es verdad que el problema de las drogas no tenga solución, como sostienen algunos en nuestra la sociedad. Apreciamos las instituciones que trabajan en bien de la prevención y lucha contra el narcotráfico, y valoramos las instancias educativas que promueven la recuperación de los valores y de los adictos.

Desde la Iglesia Católica comprometo todos los esfuerzos que sean necesarios para que la cultura de paz sea uno de nuestros ejes pastorales fundamentales, que se cultive desde la más temprana edad en todos los ámbitos a los que tenemos acceso.

Y frente a la indignación y el dolor que podamos sentir por las vidas inocentes perdidas, reiteramos que al odio no se puede responder con más odio, sino con la invitación a recorrer un camino de conversión en el que se valore la dignidad de la vida humana y se busque la comunión por encima de cualquier otro interés.

Mi bendición y mi cercanía con las familias de las víctimas, a las que aseguro la oración de nuestra iglesia diocesana, que de igual modo implora salud para los heridos que se encuentran en los hospitales.

 

Servidor en Cristo

Mons. Javier Román Arias

Obispo de Limón