Evangelio del día.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,13-16):

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

 

Meditación del Santo Evangelio.

Los niños no son así. Y sólo quienes son como ellos, pueden acoger/recibir el Reino. Los «viejos» tienen la mentalidad de que el Reino hay que ganárselo, hay que merecerlo, tener méritos. Jesús, que va experimentando ya el rechazo a la Buena Noticia del Reino, va dándole vueltas a que el Reino es algo que su Padre ofrece y regala, es un don que él da a los pobres, a los humildes, a los que nada cuentan (como los niños en aquella sociedad judía)… El niño recibe todo porque nada puede por sí mismo, es la extrema fragilidad y dependencia, y lo que más les define es su necesidad absoluta de sus padres. También Jesús es como los niños: necesita continuamente la cercanía, la ternura y el cuidado de su Padre para salir adelante en su vida.

Su condición filial, su confianza absoluta en que el Padre sólo quiere su bien, el saberse acompañado y siempre en las manos del Padre le van a dar la fuerza interior que necesita para enfrentarse al desconcierto, el desprecio, el rechazo y la condena de los que no son como ellos.

Jesús se siente a sí mismo como un niño: abierto a recibir del Padre el reino tal como él quiera dárselo, dispuesto a dejarse guiar por él, como haciendo suyo el Salmo 131 (130): «no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos,  como un niño en brazos de su madre». O de su padre, que tanto da.

Y ruega, exige, que nadie impida se acercan a él libremente los niños, los ciegos, leprosos, los publicanos, los pecadores en general, los que no son buenos, los que no cumplen, los enfermos… porque para ellos ha venido, porque son los únicos que lo necesitan, porque el Padre prefiere y cuida especialmente de todos ellos. Como también cuidará de él mismo cuando se vea absolutamente débil y solo en lo alto de un madero.  Dichosos los que tienen el corazón de niño… porque Dios los acoge, cuida y ama como Padre

Papa FRANCISCO: Miremos la belleza del matrimonio.

La belleza del matrimonio fue el tema acerca del que reflexionó el Papa en una celebración eucarística en la que participaron siete parejas que festejan algunas el 50° otras y el 25° aniversario de matrimonio.

Se puede o no se puede

El Papa comentó el pasaje del Evangelio según San Marcos que se refiere a la intensión de los fariseos de poner a prueba a Jesús, haciéndole una pregunta que Francisco definió “casuística”, es decir, ese tipo de preguntas de la fe – explicó – que se pueden resumir en un “se puede o no se puede” y “donde la fe está reducida a un sí o a un no”. Y precisó:

“No el gran ‘sí’ o el gran ‘no’ de los cuales hemos oído hablar, que es Dios. No: se puede o no se puede. Y la vida cristiana, la vida según Dios, según esta gente, está siempre en el ‘se puede’ o ‘no se puede”.

Miremos la belleza del matrimonio

La preguntan que le plantean a Jesús se refiere al matrimonio, destacó el Papa Bergoglio. Quieren saber si es lícito o no a un marido repudiar a su propia esposa. Pero, dijo Francisco, el Señor va más allá, y llega hasta la Creación, y habla del matrimonio como algo de lo más bello que Dios ha creado en aquellos siete días.

“Desde el inicio de la creación, Dios los hizo macho y hembra. Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se convertirán en una carne sola”. “Es fuerte lo que dice el Señor”, comentó el Papa. Habla de “una carne” que no se puede dividir. Jesús “deja el problema de la separación y va a la belleza de la pareja”.

Y el Papa recomienda: “Nosotros no debemos detenernos, como estos Doctores, en ‘se puede’, o ‘no se puede’ dividir un matrimonio. A veces está la desgracia de que el matrimonio no funciona y es mejor separarse para evitar una guerra mundial – dijo – pero ésta es una desgracia. Vayamos a ver lo positivo”.

Ir siempre adelante se puede

Además, el Pontífice recordó que cuando se encontró con una pareja que  festejaba sesenta años de matrimonio, ante su pregunta de: “¿Son felices?”, los dos se miraron y sus ojos se llenaron de lágrimas por la conmoción y le respondieron: “¡Estamos enamorados!”.

“Es verdad que hay dificultades, hay problemas con los hijos o en la misma pareja, discusiones, peleas… pero lo importante es que la carne permanezca una y se superan, se superan, se superan. Y éste no es sólo un sacramento para ellos, sino también para la Iglesia, como si fuera un sacramento que che llama la atención: ‘Pero, ¡miren que el amor es posible!’. Y el amor es capaz de hacer vivir enamorados durante toda una vida: en la alegría y en el dolor, con el problema de los hijos y el problema propio… pero ir siempre adelante. En la salud y en la enfermedad, ir siempre adelante. Ésta es la belleza.

La pareja a imagen y semejanza de Dios

El hombre y la mujer han sido creados a imagen y semejanza de Dios y el mismo matrimonio se convierte así en su imagen. Por esta razón, dijo el Papa, es tan bello: “El matrimonio es una predicación silenciosa para todos los demás, una predicación de todos los días”.

“Es doloroso cuando esto no es noticia: los periódicos, los telediarios, no toman esto como noticia. Esta pareja, tantos años juntos, no es noticia. Sí es noticia el escándalo, el divorcio, o estos que se separan. A veces se deben separar, como he dicho, para evitar un mal mayor. Pero la imagen de Dios no es noticia. Y ésta es la belleza del matrimonio. Están hechos a imagen y semejanza de Dios. Y ésta es nuestra noticia, la noticia cristiana”.

La paciencia es la virtud más importante

Francisco repitió que la vida matrimonial y la familia no son fáciles, y citó la Primera Lectura tomada de la Carta del Apóstol Santiago, que se refiere a la paciencia. Dice que es “quizás la virtud más importante en la pareja – tanto del hombre como de la mujer”. Y concluyó con una oración al Señor “para que dé a la Iglesia y a la sociedad una conciencia más profunda y más bella del matrimonio y que todos nosotros logremos comprenderlo, para contemplar que en el matrimonio está la imagen y semejanza de Dios”.

 

Fuente: Vatican News.

Evangelio para hoy…

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,1-12):

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.
Se acercaron unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: «¿Le es licito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron: «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»
Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.” De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»

Palabra del Señor

 

La unión que pueden formar el hombre y la mujer ante el matrimonio y la familia, se logra hacer a imagen de la unidad del Padre que ama incondicionalmente al Hijo, y del Hijo que se da sin medidas al Padre.

Somos imagen de Dios por la unión que somos capaces de alcanzar. Para eso Dios nos ha creado. Ante tal belleza, Él no quiso permitir la desunión. En cada hombre y mujer capaz de donarse se ve la imagen y semejanza de este intercambio de amor.

Todos estamos llamados a darnos y donarnos, pues es el núcleo de toda vocación.

Ahora bien, podremos ser una imagen de Dios oscurecida, arrugada e incluso rota… Esto no era el plan original de Dios, pero, sin importar las circunstancias, “toda persona” podrá seguir siendo reflejo de Dios mientras pueda seguir donando sus fuerzas, entregando su persona y amando sin medidas, porque el amor que cuesta es el reflejo más perfecto de Dios.

María Auxiliadora…

Hoy jueves 24 de mayo, la Iglesia celebra a María Auxiliadora, la historia cuenta como los  cristianos de los primeros siglos llamaban a la Virgen María con el nombre de Auxiliadora. Tanto así que los dos títulos que se leen en antiguos monumentos de oriente son: Madre de Dios (Teotokos) y Auxiliadora (Boetéia).

Santos como San Juan Crisóstomo, San Sabas y San Sofronio la nombraban también con esta advocación, siendo San Juan Damasceno el primero en propagar la jaculatoria: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”.

En el siglo XVI, el Papa San Pío V, gran devoto de la Madre de Dios, después de la victoria del ejército cristiano sobre los musulmanes en la batalla de Lepanto, mandó que se invocara a María Auxilio de los cristianos en las letanías.

En la época de Napoleón, el Papa Pío VII estaba apresado por este emperador y el Pontífice prometió que si salía libre, decretaría una nueva fiesta mariana en la Iglesia. Napoleón cae, el Santo Padre retorna triunfante a su sede pontificia el 24 de mayo de 1814 y decreta que todos los 24 de ese mes se celebraría en Roma la Fiesta de María Auxiliadora.

Al año siguiente nació San Juan Bosco, a quien la Virgen se le apareció en sueños para que le construyera un templo con el título de Auxiliadora. Es así que el Santo inició dos monumentos: el físico que es la Basílica de María Auxiliadora de Turín y el “vivo” conformado por las Hijas de María Auxiliadora.

San Juan Bosco aseguraba a sus jóvenes que él y muchos fieles obtenían grandes favores del cielo con la novena a María Auxiliadora y la jaculatoria dada por San Juan Damasceno.

Historia de la Devoción a María Auxiliadora.

El primero que llamó a la Virgen María con el título de “Auxiliadora” fue San Juan Crisóstomo, en Constantinopla en al año 345, el dice: ” Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios”.

San Sabas en el año 532 narra que en oriente había una imagen de la Virgen que era llamada “Auxiliadora de los enfermos”, porque junto a ella se obraban muchas curaciones.

San Juan Damasceno en el año 749 fue el primero en propagar la jaculatoria: “María Auxiliadora , rogad por nosotros”. Y repite: la virgen es “auxiliadora para evitar males y peligros y auxiliadora para conseguir la salvación”.

En Ucrania, Rusia, se celebra la fiesta de María Auxiliadora el 1 de octubre desde el año 1030, en ese año libró a la ciudad de la invasión de una terrible tribu de bárbaros paganos.

En el año 1572, el Papa San Pió quinto ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanias la advocación ” María Auxiliadora, rogad, por nosotros”, porque en ese año Nuestra Señora libró prodigiosamente en la batalla de lepanto a toda la cristiandad que venía a ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88.000 soldados.

En el año 1600 los católicos del sur de Alemania hicieron una promesa a la Virgen de honrarla con el título de auxiliadora si los libraba de la invasión de los protestantes y hacía que se terminara la terrible guerra de los 30 años. La Madre de Dios les concedió ambos favores y pronto había ya más de 70 capillas con el título de María Auxiliadora de los cristianos.

En 1683 los católicos al obtener inmensa victoria en Viena contra los enemigos de la religión, fundaron la asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 paises.

En 1814, el Papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora. Inesperadamente el pontífice quedó libre, y llegó a Roma el 24 de mayo. Desde entonces quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.

En 1860 la Santísima Virgen se aparece a San Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de “Auxiliadora”, y le señala el sitio para que le construya en Turín, Italia, un templo.

Empezó la obra del templo con sus tres monedas de veinte centavos cada una, pero fueron tantos y tan grande los milagros que María Auxiliadora empezó a obtener a favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la Gran Basílica. El Santo solía decir: ” Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen”, desde aquel Santuario comienza a extenderse por el mundo la devoción a María bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.

El nombre de Auxiliadora se le daba ya en el año 1030 a la Virgen María, en Ucrania (Rusia), por haber liberado aquella región de la invasión de las tribus paganas. Desde entonces en Ucrania se celebra cada año la fiesta de María Auxiliadora el 1ro de octubre.

Se tiene constancia de que hacia el año 1558 ya figuraba en las letanías que se acostumbraban recitar en el santuario de Loreto Italia.

Esta advocación se hizo fuerte ante la invasión de los turcos en 1571 donde San Pío V la invocó como María Auxiliadota de los Cristianos o con los Príncipes Católicos de Alemania fieles al catolicismo frente a las tesis protestantes o frente a las invasiones turcas sobre Viena en el siglo XVII o, incluso, como mano protectora frente a los caprichos de Napoleón Bonaparte que llevo al Papa Pío VII al destierro, y a su liberación, quiso en 1814 instituir en el 24 de mayo su fiesta litúrgica.

Pero sin duda fue San Juan Bosco, el santo de María Auxiliadora, con el que esta advocación mariana encontró el mejor paladín y trampolín para el desarrollo y popularidad, “No he sido yo, ha sido la Virgen Auxiliadora quien te ha salvado”… “Cada ladrillo de esta iglesia – se refería a la gran Basílica que en su obsequio empezó el 1863 – es una gracia de la Virgen María”…

Pero será exactamente en 1862, en plena madurez de Don Bosco, cuando éste hace la opción mariana definitiva: Auxiliadora. “La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana”.

Desde esa fecha el título de Auxiliadora aparece en la vida de Don Bosco y en su obra como “central y sintetizador”. La Auxiliadora es la visión propia que Don Bosco tiene de María. La lectura evangélica que hace de María, la experiencia de su propia vida y la de sus jóvenes salesianos, y su experiencia eclesial le hacer percibir a María como “Auxiliadora del Pueblo de Dios”.

En 1863 Don Bosco comienza la construcción de la iglesia en Turín. Todo su capital era de cuarenta céntimos, y esa fue la primera paga que hizo al constructor. Cinco años más tarde, el 9 de junio de 1868, tuvo lugar la consagración del templo. Lo que sorprendió a Don Bosco primero y luego al mundo entero fue que María Auxiliadora se había construido su propia casa, para irradiar desde allí su patrocinio. Don Bosco llegará a decir: “No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia”.

Hoy, salesianos y salesianas, fieles al espíritu de sus fundadores  y a través de las diversas obras que llevan entre manos siguen proponiendo como ejemplo, amparo y estímulo en la evangelización de los pueblos el auxilio que viene de Santa María.

¡Velad y orad!

Lectura del santo evangelio según san Mateo (26, 36-42):

Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo:
«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
«Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
Y adelántandose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
«¿No habéis podido velar huna hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
«Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

Palabra del Señor

 

La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es «reciente» en nuestro calendario litúrgico. En España se celebró por primera vez el 6 de junio de 1974. No todos los países la celebran, y las fechas para celebrarlo tampoco coinciden. El trasfondo de la fiesta (con muchas resonancias al Jueves Santo) es el ministerio sacerdotal, una Jornada por la santificación de los sacerdotes.

Sin embargo, en la sensibilidad eclesial de hoy día, hay una fuerte llamada al compromiso de todos en la evangelización, y especialmente de los laicos. Por ejemplo, el video-mensaje del Papa para este mes de mayo:

“Los laicos están en primera línea de la vida de la Iglesia. Necesitamos su testimonio sobre la verdad del Evangelio y su ejemplo al expresar su fe con la práctica de la solidaridad. Demos gracias por los laicos que arriesgan, que no tienen miedo y que ofrecen razones de esperanza a los más pobres, a los excluidos, los marginados.

Pidamos juntos este mes para que los fieles laicos cumplan su misión específica, la misión que han recibido en el bautismo, poniendo su creatividad al servicio de los desafíos del mundo actual.

Por eso me parece que es conveniente poner el acento en algo de lo que se habla poco, y de lo que se desprenden muchas consecuencias para la pastoral de la Iglesia e incluso parala teología: el SACERDOCIO COMÚN DE LOS FIELES (de todos), aunque algunos (muy pocos) sean llamados al ministerio sacerdotal sacramental (los presbíteros). Así está fiesta tendrá una dimensión mucho más universal, más inclusiva, más de todos.

Catequesis General del Papa Francisco: Ser sal y luz del mundo.

«El Espíritu Santo nos da la fuerza para ir hacia adelante»

En los días que siguen a la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco reflexionó, en la catequesis que impartió durante la Audiencia General, sobre el testimonio que el Espíritu suscita en los bautizados, centrándose en el sacramento de la Confirmación.

Sólo el Espíritu de Cristo nos convierte en la sal y la luz del mundo

El Santo Padre partió de la gran misión que Jesús confió a sus  discípulos, a saber, “ser la sal de la tierra y la luz del mundo”. Se trata de dos imágenes que según el Papa, “hacen pensar a nuestro comportamiento”, porque “tanto la carencia, como el exceso de sal, hacen disgustoso el alimento”, y también “la falta o el exceso de luz, impiden ver”:

“Quien puede verdaderamente hacernos sal que da sabor y preserva de la corrupción, y luz que ilumina el mundo, -aseguró el Pontífice- es sólo el Espíritu de Cristo”.

“La confirmación robustece la gracia bautismal”

Por otra parte, en la catequesis que pronunció en español, explicó que el sacramento de la confirmación se llama de este modo “porque confirma el bautismo y robustece la gracia bautismal”. “Se llama también crismación, -agregó- porque con la unción del crisma se recibe al Espíritu Santo, para que el cristiano se conforme cada vez más a Cristo y se comporte siempre como hijo de Dios”.

Asimismo, explicó que renacer en la vida divina en el Bautismo es “el primer paso”, pero que además de ello, es necesario “comportarse como hijos de Dios”, y esto lo podemos hacer sólo con la fuerza del Espíritu Santo: “sin la fuerza del Espíritu Santo no podemos hacer nada”, afirmó. “Es el Espíritu quien nos da la fuerza para ir hacia adelante”.

Así, tras recordar que “Cristo fue ungido por el Espíritu Santo”, y que “toda su vida estuvo animada por el Espíritu”, el Romano Pontífice manifestó que del mismo modo “la vida de la Iglesia, y de cada uno de sus miembros, ha de estar guiada por el mismo Espíritu”.

La tarjeta de identidad de Jesús

El Papa prosiguió recordando que en la Sinagoga de Nazaret, Jesús se presenta como “el Ungido” por el Espíritu: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción» (Lc 4,18). Esta es la “tarjeta de identidad de Jesús”, explicó, y señaló que “el respiro de Cristo Resucitado, llena de vida los pulmones de la Iglesia”. Es por ello que la fiesta de Pentecostés, que celebramos el domingo pasado, para la Iglesia es “impulso misionero para entregar nuestras vidas para la santificación de los hombres y la gloria de Dios”:

“El Espíritu descendió con su fuerza sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, y recibieron el impulso misionero de entregar sus vidas por la santificación de los hombres, para gloria de Dios. En la confirmación, Cristo nos colma con su Espíritu y nos consagra como testigos suyos, nos hace partícipes de su misma vida y misión. El testimonio cristiano consiste en hacer todo lo que el Espíritu de Cristo nos pide, dándonos su gracia para cumplirlo”, replicó.

Así, tras recordar que “Cristo fue ungido por el Espíritu Santo”, y que “toda su vida estuvo animada por el Espíritu”, el Romano Pontífice manifestó que del mismo modo “la vida de la Iglesia, y de cada uno de sus miembros, ha de estar guiada por el mismo Espíritu”.

En el final del resumen de la catequesis que pronunció en nuestro idioma, y tras saludar a los fieles y peregrinos de los distintos países, el Santo Padre invitó a que “con el recuerdo todavía reciente de la pasada fiesta de Pentecostés pidamos a la Virgen María que nos ayude a ser dóciles al Espíritu Santo, para que sepamos dar a nuestro alrededor un testimonio vivo de santidad y amor, entregándonos en todo momento al bien de los demás”, e impartió su bendición.

«El que no está contra nosotros está a favor nuestro.»

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,38-40):

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.»
Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.»

Palabra del Señor

 

¡Pobres discípulos (y pobre Jesús)!  Es que no dan una. Para una vez que Juan, el hijo del Trueno, abre la boca en este Evangelio, es para desencadenar un chaparrón. Es la vieja pretensión-tentación de tener la verdad en exclusiva y sentirse con el «poder» de controlar a todos los demás, repartiendo patentes de ortodoxia, de pertenencia… 

     Era la vieja mentalidad de tener una serie de códigos, pistas y condiciones para definir correctamente quiénes estaban a un lado de una línea (con Dios de su parte) y los que estaban -¡pobrecillos!- dejados de la mano de Dios, perdidos, confundidos. Pero la novedad del Reino de Jesús no va por ahí.  Fuera de la Iglesia sí hay salvación, y hay Espíritu, y gentes buenas de las que tenemos que aprender mucho. 

     «En la Iglesia Católica -escribía San Agustín- hay quienes no son católicos. Pero también se pueden encontrar católicos fuera de la Iglesia.  Muchos que parecen estar fuera, están dentro; muchos de lo que parecen estar dentro están fuera».  

     El católico es aquel que tiene un espíritu universal, que eso es lo que significa esta palabra, y sabe descubrir lo valioso en los otros, el que se sabe siempre en búsqueda de la Verdad, y los otros tienen mucho que enseñarle. 

+  ¿Tú verdad? no, la verdad;  y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela. (A Machado)

+   La verdad no está de parte de quién grite más (R Tagore)

+  Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado (André Gide)

+ No poseemos la verdad ni el bien nada más que en parte, y mezclados con la falsedad y con el mal (B Pascal)

     El buscador y defensor de la verdad no le cierra la boca al que tiene otras ideas, ni lo trata como enemigo, ni le prohíbe seguir pensando, investigando o expresándose.  No convierte al distinto en enemigo, sino que hace mucha mayor gala de los principios del diálogo, entre los cuales no está el creerse ya, como punto de partida, con toda la razón. Es verdad que en tiempos de relativismo, de fuertes cambios, y de confusión hay la fuerte tentación de subrayar lo propio, cerrar filas, acallar disonancias, estar muy pendientes de los posibles errores y abusos, y encontrar donde sea enemigos para plantarles cara.

¡María madre de la Iglesia!

Hoy 21 de mayo la Iglesia celebra por primera vez la memoria de la Santísima Virgen María Madre de la Iglesia, cuya fecha fue establecida el lunes siguiente a Pentecostés.

El Vaticano estableció la memoria a través de un Decreto de la Congregación para el Culto Divino firmado el 11 de febrero de 2018.

El documento sostiene que el Papa Francisco “consideró atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”.

En el decreto, la misma Congregación señala que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”.

“La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el texto.

En el siglo XX, el Papa Pablo VI, dirigiéndose a los padres conciliares del Vaticano II, declaró que María Santísima era Madre de la Iglesia.

La memoria “Virgen María, Madre de la Iglesia” recuerda que ella es Madre de todos los hombres y especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, desde que es Madre de Jesús por la Encarnación.

Así lo confirmó Jesús desde la Cruz, antes de morir, al apóstol San Juan, y el discípulo la acogió como Madre.

La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano, cumpliendo así la profecía de la Virgen, que dijo: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).

 

En aquella ocasión, el Beato Pablo VI dirigió a la Virgen esta hermosa oración, que podemos rezar también hoy: «Virgen María, Madre de la Iglesia, te recomendamos toda la Iglesia.

“Socorro de los obispos”, protege y asiste a los obispos en su misión apostólica, y a todos aquellos, sacerdotes, religiosos y seglares, que con ellos colaboran en su arduo trabajo.

Tú, que por Tu mismo divino Hijo, en el momento de su muerte redentora, fuiste presentada como Madre al discípulo predilecto, acuérdate del pueblo cristiano, que en Ti confía.

Acuérdate de todos tus hijos; avala sus oraciones ante Dios; conserva sólida su fe; fortifica su esperanza; aumenta su caridad.

Acuérdate de aquellos que viven en la tribulación, en las necesidades, en los peligros, especialmente de aquellos que sufren persecución y se encuentran en la cárcel por la fe. Para ellos, Virgen Santísima, solicita la fortaleza y acelera el ansiado día de su justa libertad.

Mira con ojos benignos a nuestros hermanos separados, y dígnate unirnos, Tú que has engendrado a Cristo, fuente de unión entre Dios y los hombres.

Templo de la luz sin sombra y sin mancha, intercede ante tu Hijo Unigénito, Mediador de nuestra reconciliación con el Padre, para que sea misericordioso con nuestras faltas y aleje de nosotros la desidia, dando a nuestros ánimos la alegría de amar.

Finalmente, encomendamos a Tu Corazón Inmaculado todo el género humano; condúcelo al conocimiento del único y verdadero Salvador, Cristo Jesús; aleja de él el flagelo del pecado, concede a todo el mundo la paz en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor.

Y haz que toda la Iglesia, celebrando esta gran asamblea ecuménica, pueda elevar al Dios de las misericordias un majestuoso himno de alabanza y agradecimiento, un himno de gozo y alegrías, pues grandes cosas ha obrado el Señor por medio tuyo,  clemente, piadosa y dulce Virgen María».

 

Evangelio del día…

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,14-29):

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: «¿De qué discutís?»
Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.»
Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»
Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»
Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»
Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.»
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.»

Palabra del Señor

 

En la escena evangélica nos encontramos a un joven con serias “dificultades”, acompañado de su padre. En aquella cultura era habitual referirse a diferentes enfermedades mentales y de otro tipo como posesiones demoniacas. En el caso de hoy podríamos pensar en algo parecido a una epilepsia. 

Pero lo que importa es plantearse si tiene algo que ver este joven con el hombre de hoy? ¿Incluso: me parezco yo en algo a este joven, tiene algo que aportarme?  

             Por lo que cuenta nos cuenta el relato, se trata de alguien que no puede hablar. Es terrible que lo que ocurre en el interior de una persona, no pueda ser expresado, exteriorizado, porque hay fuerzas de todo tipo que se lo impiden: Convencionalismos, miedos, presión del grupo, complejos, falta de conocimiento y reflexión sobre uno mismo para reconocerse lo que le pasa, manipulaciones… Incluso intereses sociales y económicos. No costaría mucho hacer una lista de personas y grupos que «no tienen voz»: desde países enteros, a minorías religiosas, razas, o por su condición sexual, o simplemente (?) porque tienen pocos ingresos, o ciertas enfermedades… En fin, la lista sería larga.

             Pero también nos puede afectar a nosotros, cuando no nos atrevemos a expresar nuestras ideas o sentimientos, por miedo a ser juzgados y rechazados, a perder prestigio, a quedar arrinconados…

             El joven está cerrado sobre sí mismo. Su incapacidad para hablar y para escuchar, le aísla de su entorno. Es una reacción-tentación frecuente en la que fácilmente caemos cuando tenemos problemas, heridas, sufrimientos, nos sentimos incomprendidos, o tal vez raros… ¡Encerrarnos!

             Por otro lado, es presa de reacciones y sentimientos, que no puede controlar, y que son violentos. Sufre cambios repentinos de humor. Las personas que sufren y se ven desesperadas e incapaces de salir de sus problemas… suelen ser agresivas y duras con los demás. Es su manera de «protestar» o «desahogarse». 

             En general no nos resulta fácil controlar nuestros sentimientos (positivos o negativos). A veces los reprimimos, y eso acaba haciéndonos daño. Otras veces se nos escapan descontrolados, aunque luego nos arrepintamos de nuestra reacción. Pero sobre todo, demasiadas veces no somos siquiera conscientes de nuestro estado de ánimo y de sus repercusiones en nuestro comportamiento y en las relaciones por los demás: ellos lo pagan. Con lo cual el aislamiento y el dolor aumentan.

             Resumiendo: estamos ante una persona que se hace daño a sí misma. Como tantos, que no cuidan convenientemente de su salud, de su descanso, que no saben encontrar algo que relaje la tensión acumulada. Como tantos que se sobrecargan de trabajo, que descuidan la amistad o la familia, que descuidan e incluso abandonan su vida interior. Tantos que se comparan continuamente con los demás, deseando ser como ellos; que se exigen por encima de sus posibilidades para ganar afecto o prestigio, que se culpan por lo que ocurrió ayer o incluso hace años, incapaces de perdonarse o de perdonado.  O que han perdido sus sueños e ilusiones y procuran conformarse, sin lograrlo… Podíamos añadir tantas cosas más. 

             También podríamos mirar globalmente al hombre de hoy: tan limitado, reprimido, manipulado, silenciado, ignorado… Desde que el hombre es hombre, se ha visto así, es un fruto del pecado. Como dice el padre de este joven: todo eso le ocurre «desde niño».

             Importante la figura de este «padre», que es capaz de comprender lo que le pasa a su hijo, describirlo y buscar ayuda como sea… Es indispensable, cuando no andamos bien, tener cerca a alguien que nos conozca, nos comprenda y guíe nuestros pasos hacia lo bueno: un padre espiritual, un buen amigo que nos ayude a expresarnos, que nos ayude a discernir lo que dice «la gente» y algunos supuestos sabios de este mundo, que no tienen la sabiduría ni el poder de Dios.

             A Jesús le enfada esta «¡generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?», y que no hace nada por resolver las cosas, se pierde en discusiones con los «especialistas» de siempre (los escribas). Es incrédula porque reduce la fe a discusiones, opiniones, declaraciones, discursos, creencias… pero el enfermo sigue ahí, sin atender.

             Jesús afirma que el mal sólo se puede derrotar con ayuda de una fe firme y con oración.  La fe significa adhesión, confianza, implicación personal con Jesús y con su misión liberadora. Y la oración supone mirar la realidad desde Dios, desde su Palabra, discernirla, abrirnos a su Espíritu y ponernos a «hacer». Una oración que nos ayude a recuperar nuestra dignidad, nuestra libertad y nos ayude a echar tantos demonios de nosotros y de los que caminan con nosotros.

 

¡El Espíritu de la VERDAD!

Del santo Evangelio según san Juan 15, 26-27; 16, 12-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Paráclito, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.

Palabra del Señor.

 

Meditación del Santo Evangelio del día. 

Hoy, el Señor nos invita a estar atentos a su palabra, a sus inspiracionespara poder ser verdaderos discípulos misioneros en medio del mundo y, de esa manera, poder dar testimonio.

¿Qué tan atentosestamos a sus inspiraciones? Necesitamos pedir al Señor que nos ayude a silenciar el corazón; que en este rato de oración podamos ver como Él ve, oír como Él oye; que sintamos su mano amorosa que nos toma, nos lleva a contemplar su infinita misericordia y nos guía siempre en el buen camino.

¿Y cómo podemos dar testimonio? Es muy simple, siendo coherente con nuestro estado de vida, con nuestra vocación, viviendo las bienaventuranzas, pero no como un precepto que nos restringe, que nos coarta la libertad, sino que nos hace verdaderamente libres.

En medio de las ocupaciones de cada día es el momento que Dios se vale para ofrecernos un medio de santificación, es allí donde tenemos la oportunidad de glorificar a Dios con nuestra vida.Que todo lo que hagamos sea un verdadero ofrecimiento, una verdadera liturgia.

Pidamos al Señor que envié su Espíritu sobre cada uno de nosotros para que nuestros corazones ardan de amor, que ese calor, ese ardor, sea el motivo central de nuestros días, que nos lleve a dar todo por Él, que no nos guardemos nada, que amemos como Él nos ama.