¡No más sangre en Limón!

Al Pueblo de Dios

¡No más sangre en Limón!

Todavía conmocionados por los hechos de violencia sucedidos en estos días en nuestra provincia de Limón, elevamos la voz para exigir la paz a la cual tenemos derecho. No es posible que ya no podamos ni compartir en familia porque en cualquier momento una balacera puede acabar con la vida de los seres que amamos.

El pueblo noble y pacífico de Limón necesita respuestas claras, contundentes e integrales para la crisis de seguridad que vive. Es urgente ciertamente una mayor presencia policial, pero también oportunidades de desarrollo, fuentes de empleo, educación y deporte para nuestros niños y jóvenes. No más promesas por favor.

La delincuencia fruto del narcotráfico ha permeado dañinamente no solo a Limón, sino a toda Costa Rica. Hago un llamado en este sentido también a los medios de comunicación: no es justo estigmatizar a una región por un problema que nos afecta a todos como sociedad.

Esa visión global es el primer paso para un abordaje efectivo del problema. Como sociedad debemos plantearnos seriamente el origen de tal nivel de descomposición. Este análisis nos tiene que llevar a determinar que junto a los factores externos ya señalados, hay otros internos igualmente urgentes de atender, como lo son la desintegración familiar, la pérdida de valores y de referentes morales y espirituales.

No es verdad que el problema de las drogas no tenga solución, como sostienen algunos en nuestra la sociedad. Apreciamos las instituciones que trabajan en bien de la prevención y lucha contra el narcotráfico, y valoramos las instancias educativas que promueven la recuperación de los valores y de los adictos.

Desde la Iglesia Católica comprometo todos los esfuerzos que sean necesarios para que la cultura de paz sea uno de nuestros ejes pastorales fundamentales, que se cultive desde la más temprana edad en todos los ámbitos a los que tenemos acceso.

Y frente a la indignación y el dolor que podamos sentir por las vidas inocentes perdidas, reiteramos que al odio no se puede responder con más odio, sino con la invitación a recorrer un camino de conversión en el que se valore la dignidad de la vida humana y se busque la comunión por encima de cualquier otro interés.

Mi bendición y mi cercanía con las familias de las víctimas, a las que aseguro la oración de nuestra iglesia diocesana, que de igual modo implora salud para los heridos que se encuentran en los hospitales.

 

Servidor en Cristo

Mons. Javier Román Arias

Obispo de Limón

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