EVANGELIO DE HOY

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-6):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adonde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.»

Palabra del Señor

 

Comentario al Evangelio de hoy 

Se repite con frecuencia (y es verdad) que muchas personas (que incluso muchos creyentes) confundimos las celebraciones del 1 y el 2 de noviembre. Es posible. Pero quizá una de las causas está en que no se distinguen tanto como a veces se piensa.

Está claro que en la solemnidad de ayer evocamos existencias bienaventuradas, felices, ejemplares, dignas de elogio e imitación. Y también que no todos nuestros difuntos fueron así. Ahí están la realidad del pecado, del odio, del rechazo a las propuestas de Dios, del Mal. Pero también están la Gracia y la misericordia de Dios.

En los últimos años de los 80 y primeros de los 90 tuve la gracia (porque fue toda una gracia) de compartir ratos y experiencias con uno de los mejores teólogos que España y Europa dieron en esas décadas: el sacerdote asturiano Juan Luis Ruiz de la Peña. Aún recuerdo su desasosiego ante uno de los borradores de lo que al final no fue el Catecismo: “¡pero si habla más del infierno que del cielo!”.

Aquel planteamiento no pasó al texto final. Y Juan Luis -que amaba entrañablemente a la Iglesia- respiró. Claro que tenemos que hablar del pecado, de la seriedad de la vida, de la posibilidad de condenarse, del sentido de lo que durante siglos hemos llamado purgatorio. Pero sin olvidar nunca que Jesús el Cristo habló en la sinagoga de Nazaret “del año de gracia del Señor” pero no “del día de la venganza de nuestro Dios” (cf. Lc 4, 19). Dice un proverbio oriental que cuando el sabio señala la luna con el dedo los necios se quedan mirando al dedo. Tengo la sensación de que algo de esto nos ha pasado: miremos la luna, que a ningún difunto le falte nuestra oración y a ningún vivo nuestra caridad (¡qué no es cosa de amar sólo a la gente cuando se ha muerto!…).

Publicado en Noticias.

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