Evangelio de hoy…

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor.

 

Hoy hacemos memoria de Catalina de Siena y la liturgia nos invita a hacer un alto en la lectura continuada de hechos de los apóstoles y del evangelio de Juan, propios de este tiempo de pascua. La primera carta de Juan reflexiona en aquello que acontece cuando en nuestra vida se contraponen realidades. Sabemos por el bautismo que estamos llamados a ser luz en medio de las tinieblas. Ser testigos de «la luz resucitada», tiene fuertes implicaciones para nuestra vida: los creyentes estamos llamados a dejarnos siempre iluminar por Jesús, en un mundo que parece caminar con demasiada ingenuidad.

En el texto se confronta fuertemente a aquellos que, «creyendo ser luz» se engañan a sí mismos y a los demás. Basta ser críticos frente a lo que nos ofrece la industria alimentaria y farmacéutica, a quienes no les interesa la nutrición o la salud integral de las personas. Notamos que lo que verdaderamente importante, en la sociedad de consumo, es el incremento del gran capital que sostiene al actual sistema.

En el Evangelio, los aparentemente sabios, contrapuestos a los sencillos, nos dan la clave para comprender el plan redentor de Dios. Los sabios, aferrados a sus principios y muy seguros de sí, desconfían de toda propuesta liberadora. Recibimos por parte de Jesús la invitación a optar, por un estilo de vida más sencillo (saludable), en armonía con todo lo creado. Optar por el «buen vivir» (el «sumak kawsay» de los pueblos andinos), como un plan de vida que nos haga más respetuosos para con la «madre tierra». Y como parece ser difícil el camino (porque se ha nadar a contracorriente del sistema-mundo), Jesús ora diciendo: «vengan a mí», ofreciendo todo su respaldo para los cansados y agobiados. Estamos invitados también a orar por nuestras comunidades para que no se cansen de seguir los pasos transformadores de Jesús. 

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