Mons. Romero un hombre de FE

Mons. Óscar Arnulfo Romero, un hombre profundamente marcado por el amor, y quien vivió por defender a los más débiles, y fue hasta su último suspiro parte de su lucha, de la lucha por el pueblo Salvadoreño.

Hoy, recordamos aquel  23 de marzo de 1980, un día antes de su muerte, Romero hizo desde la catedral un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño, en su homilía titulada La Iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendente, que más tarde se conoció como Homilía de fuego:

 Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión. 

El lunes 24 de marzo de 1980 aproximadamente a las 6:30pm fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador desde un auto con capota de color rojo, impactó en su corazón momentos antes de la Sagrada Consagración. Tenía 62 años. Luego de ese capítulo tan impactante para todo el pueblo Salvadoreño, y toda la Iglesia en general, ha sido una figura especial y muy importante a lo largo de los años; por su valentía, y compromiso con los menos afortunados.

El pasado 7 de marzo, el papa Francisco autorizó las futuras canonizaciones de los beatos Pablo VI y Mons Romero. La casualidad divina quiso que en el mismo momento fueran aprobadas ambas causas, la suya y la del beato Papa Pablo VI, a quien desde siempre admiró.  En febrero, el cardenal Gregorio Rosa Chávez decía que el proceso del milagro presentado por la Iglesia salvadoreña en la Congregación para las Causas de los Santos, en el Vaticano, no ha tenido problemas.

El Cardenal, ha estado organizando a todo el pueblo, para que esta celebración sea vivida como un antes y un después en la historia de El Salvador “Es algo que el pueblo necesita y que va a permitir que tantas cosas que parecen imposibles, se hagan posibles, dijo en esa fecha el purpurado,  la Congregación para las Causas de los Santos ‘produce’ bienaventurados y santos, como la Madre Teresa, el padre Pío de Pietrelcina, Juan Pablo II, el arzobispo Óscar Romero, por su extraordinario testimonio evangélico, las naves emblemáticas de la Iglesia y de la sociedad están en nuestro tiempo”. 

Al preguntarle al Cardenal Gregorio sobre el lugar a realizarse la canonización, este respondió a Vatican News que el deseo de la Iglesia católica del país de que se haga en El Salvador, pero también matiza que Romero es un santo del mundo y será el papa Francisco quien tendrá la última palabra, “pero las dos opciones tienen muchísimos seguidores”.

 

“Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger”(Homilía 17-12-78).

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